De auténtico ‘espalda mojada’, Billy pasó a gigoló (él sólo llegó a admitir haber bailado con mujeres mayores que le pagaban por cada clase…), y de ahí a cronista de poca monta. Pero sería fácil para un hombre tan espabilado abrirse paso en el emergente Hollywood de los años 30, que tuvo que ser un verdadero hervidero de talentos venidos de Europa por la eclosión nazi.

Tenía la experiencia de haber trabajado para la UFA, pero para él tuvo que ser todo un descubrimiento el sistema de guionistas de los viejos estudios. Tiene mucho mérito el destacar entre los cientos de escritores que entregaban varias cuartillas al día en las oficinas. Durante esa época escribió cerca de una docena de guiones, algunos magistrales, y ejecutados por gente maravillosa como Lubitsch, Hawks o Leisen.

Por eso no suenan a gran verdad sus famosas palabras de ‘me hice director para que dejaran de destrozarme los guiones’. Era un gran guionista, pero pocos grandes guionistas han dispuesto de una lista de directores tan extraordinaria como él. Lo que quería era emular a Hawks y a Lubitsch. Les admiraba y quería ser alguien como ellos, y sabía que podía conseguirlo. Cuando en 1942 volvió a dirigir tras su agridulce experiencia con Mauvaise Graine, lo hizo con una comedia loca, que bebía de las fuentes de ambos maestros sin disimulo.

The major and the minor (El mayor y la menor) es una película que el mejor Hawks y el mejor Lubitsch hubieran mejorado, sin duda. Y aunque es una película ciertamente menor dentro de la filmografía de Wilder, resulta refrescante, ingeniosa, chispeante y generosa. Ray Milland interpreta a un adusto mayor del ejército norteamericano, por nombre Philip Kirby, y la extraordinaria Ginger Rogers (una actriz superdotada que la historia no ha tratado con justicia) a Susan Kathleen ‘Su-Su’ Aplegate, una muchacha de 20 que tiene que aparentar 12 para poder pagarse el viaje a la libertad, y que termina pidiéndole ayuda al soldado, quien se siente culpable por su inevitable atracción hacia una ‘menor’.

¿Le recuerda a alguien el tema del disfraz a alguna película? No son pocas en la carrera de Wilder. Tenemos, por tanto, un conocimiento sobre la verdadera edad de la mujer que el mayor no tiene, y que provocará no pocas escenas desternillantes y muy excitantes (porque Rogers era una mujer de una sensualidad muy notable, y aquí más que nunca, pues Wilder siempre sabe sacar a sus actrices con un atractivo especial), en un conjunto ciertamente no magnífico pero sí muy sólido, y que auguraba un futuro muy prometedor a su director.