2. Esferas
Ayer comentaba que la primera parte del Mundo Alien, es esférica absolutamente, cercana a la perfección estética, pero no es realmente el Mundo Alien cerrado en sí mismo, sino tan sólo el germen, la base, las preguntas. La mitología se completa, se hace real con el film de Cameron.
Al mismo tiempo que Cameron intenta estar a la altura del film original, creando uno propio desligado en personalidad de aquél, da lugar, digamos, a una esfera aún mayor que contiene la suya y los preceptos del film de Scott, como si la primera película estuviera contenida en la suya. Más grande, más completa, definitiva. Scott, filmando su aventura, da los primeros esbozos, los tiralíneas, el borrador de una mitología. Cameron, más tarde, cierra completamente el dibujo, añade zonas nunca soñadas a lo que nunca pudimos ver, ni siquiera intuir.
Y todo ello le sale por pura intuición. Filma literatura, una casi música trágica en un infierno Sci-Fi, para las que tiene tanto talento que su sello es uno de los más influyentes del género en todo el siglo XX. Y gracias a ello supera ampliamente un film que parecía insuperable, lo que es doble hazaña. ¿Cuántas veces hemos visto sagas destruidas por la impericia de su continuador? Algunos comentaristas decían que Aliens es sublime. En efecto, lo es.

Una vez más, el genio del cine demuestra que por muy alambicada que sea su parafernalia, no se olvida de sus personajes. Por mucho que se preocupe por los medios, la forma, la perfección técnica…aún se preocupa más por sus actores, porque sabe que los actores son la base de todo gran film, y que el resto, casi todo lo demás, envejecerá. Así, observamos a unos personajes también esféricos, sin aristas, aunque con contradicciones, cuya última fugaz condición es la dignidad, que apabulla la pantalla en el estertor final de la muerte.










sEÑOR Massante, a nivel mas persona ¿cual es su personaje favorito en toda la saga de Alien?
Hace ya tiempo escribia para el periodico mural de mi escuela columnas de cine un articulo titulado “El Top 20 de los villanos mas pasaditos”; podras notar que por el titulo siempre mis columnas eran informales con un cierto humor sarcastico y tomaba un seudonimo el cual era un personaje arrogante, en fin, en el articulo unclui a la Madre Alien en el lugar 19 o 18, la verdad no recuerdo bien. Mi punto es, pero solo tomelo como una opinion o peticion de uno de sus nuevos segudiores,seria interesante un debate sobre villanos no le parece señor Massanet?
A la hora de la verdad, nadie comenta… Adrián ha ganado! XDXD
Sin embargo, lo que Adrián necesitaba era algo de discusión (quizá la gente se cansó al llegar a la tercera parte). Así que voy a dar una nueva opinión a ver qué tal.
Adrian remarca aquellas cosas de aliens donde le parece que cláramente aventaja a la primera parte. Según él, tiene todo lo bueno de la primera, aporta cosas que le falta y usa mejor los recursos técnicos a su alcance. Si bien tiene gran parte de razón, a las películas hay que verlas como polos opuestos, como películas que se complementan: lo que le sobra a una en un apartado, le falta a la otra. Lo que una inventa por necesidad la otra lo tiene por naturaleza, el individualismo frente al colectivo, la calma tensa frente a la acción frenética; los puntos fuertes de un guión son excusas argumentales para la otra. La primera es más intimista: el hombre contra el bicho, ingenio contra instinto, desconfianza, desesperación, oscuridad, mitología. La segunda es más global: la supervivencia de una raza sobre la otra, la defensa táctica contra el ataque en masa, la expansión del mito; el bicho se vuelve insecto comunal para poder combatir de tu a tu contra la tecnología humana. En fin, son dos joyas que están a la misma altura y con el mismo valor, pero hechas con diferente material. En realidad, ambas usan perfectamente los recursos técnicos para amplificar el efecto que cada director ha querido darles a cada una. La posible frialdad, la falta de ciertos planos, el abuso de la iluminación, la falta de interrelaciones personales, etc. con que Adrian tacha a la primera parte yo las veo como parte de la atmósfera que el señor Scott (con mayor o menor acierto) quiso recrear. Acrecientan la sensación de incomodidad del espectador. No se puede fiar de nadie de la nave (más después de la traición), empatizando rápidamente con Ellen y temiendo al Alien, que son los pilares fundamentales de la película. El resto de tripulantes resultan fríos y distantes, solo mostrando aquellas emociones que pueden resultar chocantes al espectador para aumentar estas sensaciones de las que estoy hablando (recordemos la escena en que el médico se maravilla de la capacidad destructora del Alien, y como quiere preservarlo aún a costa del resto de tripulantes de la nave). En fin, que si bien comparto los argumentos de Adrián hasta cierto punto, también veo que los defectos que le otorga, o no afectan a la película, o ayudan a potenciar sus virtudes (Adrián dirá que por contraste :P).
No se me hace de quien gane o no. Aun cuando las dos son parte de una saga, los dos films tienen tintes distintos: los dos de una manufactura tanto actoral como de guion y direccion excelente. Lo bonito del cine es la opinion y la critica, siempre sin perder una objetiva conclusion, templanza y claro, sin perder los ideales de cada uno de nosotros, mas cuando nos dedicaos a crear video u otra actividad artistica.
Señor Massanet, lo felicito por este debate, pero me sigue gustando mas Alien, jaja
Saludos desde Mesxico
yo tambien me opino que lo que le falta a una la complementa la otra y no las pondría a competir, pero, como ejercicio de armar la polémica en este post, pues elijo la segunda después de haberlas visto las 2 en esta semana…
Es CURIOSO que en este debate sobre la saga ALIEN no se hable en ningún momento del auténtico protagonista de la misma…
qué pasa con el universo de HR Giger…?
y qué pasa con el diseño del Alien…?
…la ambientación, la criatura y su ciclo vital, el Derelict y el enigmático jinete espacial creciendo desde la base…todo esto pertenece a la PRIMERA PARTE, aunque eso parece molestar a alguna gente…
En fin, el único mérito de James Cameron (aparte de ahogar a Leonardo Dicaprio) fue el de “diseñar” esa especie de sucedáneo llamado Queen Alien, mitad Alien-mitad Reinona de la Noche dispuesta a todo…es el tipo de película que a uno le apetece ver comiendo una hamburguesa y una bolsa de Cheetos…eso si! :)
Saludos
Pues… Yo creoq ue ambas son muy diferentes y que representan momentos diferentes del cine de sci fi. Alien es mas una obra de suspenso, de esas de antes, mezcladas con una vision arida y fria del espacio, lo cual seria recurrente a partir de ese momento.Aliens por su parte amplia esa vision y crea toda una mitologia, es a mi parecer una obra maestra de accion y ciencia ficcion, lo cual casi nunca se ve y se ve el sello de cameron que logro una pelicula epica con poco presupuesto. De lo rescatable de la 3a parte es la atmosfera que se logra,y algunos presonajes que se salvan sin embargo quedan al margen de ripley y el alien runner. Y de Resurreccion… Se crea una historia de fantasia, si bien mas comercial si bien ubicada y le añade un poco mas al mundo de alien qu la tercera parte.
La película de James Cameron arrastró por el suelo lo fundamental del Universo Alien creado por Hans Rudi Giger. Traicionó la esencia misma del filme original. La palabra inglesa Alien no es un nombre propio, es un adjetivo que significa “extraño”, “ajeno”, comúnmente usada como “extranjero”. Aplicada a la película original hacía referencia a lo desconocido, lo desconcertante, lo incomprensible para la mentalidad humana. De ahí surgía su terror psicológico. Ese era el sentido primario de las criaturas originales, incluido el piloto de la nave en ruinas. En el proceso de convertir “Aliens” en una película de guerra Cameron modificó las ideas anteriores para acomodar las propias, que no eran de ningún modo mejores. Volvió mediocre lo que antes era extraordinario y transformó en banales muchos de los conceptos tan cuidadosamente edificados por Scott y los suyos. Todo por esa maldita costumbre que tiene Hollywood de empeñarse en explicar hasta la última coma, de no dejar ningún cabo suelto. Cameron le faltó el respeto a la obra de Giger, la ridiculizó. El propio creador del sublime Universo Alien ni siquiera fue invitado a participar en la secuela. No convenía que lo hiciera, así se podía destruir su obra sin ningún obstáculo. Su colaboración en el filme de Scott fue mucho más allá de la tarea de diseñador de producción o artista conceptual: su arte impregnó la película con un profundo y visceral sentido de lo macabro, de lo siniestro, de lo enfermizo y pesadillesco. Su obra era sublime porque era asombrosa y transgresora, singular y novedosa, perturbadora y grotesca; porque provocaba repulsión y atracción al mismo tiempo, nerviosismo y deleite. Poco y nada quedó en pie en la secuela de Cameron. Giger es la gran diferencia entre una película y otra. El fue la figura más importante en la génesis del filme original, Ridley Scott fue el gran esteta que lo complementó a la perfección. Digamos que fue una afortunada conjunción de talentos. Pero sin Giger “Alien” hubiera sido completamente diferente. “Aliens, el regreso” no refleja la mente de Giger, refleja la mente de Cameron, que es infinitamente distinta. Cameron amplió todos los aspectos (más personajes, más criaturas, más armas, más espectacularidad) pero no enriqueció de ninguna manera el “Universo Alien” tal como Giger lo concibió, sino que lo modificó y lo clasificó, y al clasificarlo lo llevó a terrenos conocidos, lo minimizó y despojó de todo su misterio. El filme de Cameron está (demasiado) influenciado por la novela “Starship troopers”, escrita en 1959 por Robert A. Heinlein y llevada al cine finalmente en 1997 por Paul Verhoeven. Pero el tono humorístico de aquella novela y las características del enemigo (insectoides) resultaron del todo incoherentes, creo yo, con el angustiante y extraño Universo Alien establecido con anterioridad. En su afán por superar a Scott, Cameron se propuso mostrar finalmente quién ponía los malditos huevos. Todo para revelar su gran creación: una desmesurada reina alien en su nido, poniendo sus huevos rodeada de sus guerreros, sus obreros y sus zánganos. Toda una estructura jerárquica similar a un vulgar hormiguero o colmena. Esto constituyó para mi (y sospecho que para mucha gente) una desilusión enorme, por no hablar directamente de indignación. Uno de los mayores misterios de la imaginería “Alien”, el ciclo biológico de las criaturas, quedó expuesto y explicado de la manera más burda y estúpida posible. Los aliens eran asociados de pronto a los diminutos y queridos bichitos que deambulan por nuestros jardines. Eran, después de todo, como simples insectos. La idea básica provenía, sin dudas, de la ya citada novela de Heinlein, pero a mi entender no se midió (¿o si?) el grado de transformación que sufrirían los elementos más icónicos ya establecidos culturalmente con el film de Scott. Las nuevas ideas en apariencia geniales (la reina, los soldados, los colonos, el procesador de atmósfera) se plasmaron en una grosera y caprichosa manipulación donde lo más vapuleado resultó ser el espíritu mismo del trabajo elaborado por Giger, Scott y los guionistas O’Bannon y Shusett: el miedo a lo desconocido. Así, lo originalmente extraño, lo agresivamente anormal y angustiante salido de la mente alucinante del artista suizo quedó reducido a algo común, familiar, doméstico, reconocible, y por eso mismo despojado de toda su oscuridad y grandeza. Es elemental: cuando lo desconocido, que nos inspira terror, se explica, deja de ser desconocido y por lo tanto ya no inspira terror. Y menos cuando la revelación es tan pueril, tan facilona e infantil como la propuesta por Cameron. ¿Quién puede sentir desasosiego ante una simple hormiga, aunque esté un poco crecida? El ser más enigmático e inconcebible de la historia del cine pasó en poco tiempo a engrosar la larga lista de alimañas gigantes (como tarántulas, abejas y escorpiones, entre tantas y tantas otras) con las que el inmaduro cine de ciencia ficción de los años 50 llenó las pantallas del mundo. Con Cameron ya no hubo angustia, ya no hubo horror. Con su película nos distendimos, sonreímos y disfrutamos comiendo pochoclo. Mentiría si dijera que el alien de Scott no presentaba también características extraídas de los insectos. Las tenía, pero muy hábilmente camufladas, fundidas con las de reptiles, arácnidos y con aspectos deformes del propio ser humano, que unidas al concepto de Biomecánica con el que trabajó Giger, dieron como resultado algo nuevo, diferente. Con cosas conocidas se elaboró algo desconocido, o al menos distinto. En cambio Cameron, a eso que era distinto, lo volvió a colocar en el campo de lo ordinario, de lo común, porque lo relacionó pura y exclusivamente con los insectos y sus archiconocidos ciclos biológicos, sin ningún disimulo, sin sutilezas. Por eso lo suyo me parece de una vulgaridad increíble. Muchos dirán que el resto de los diseños originales de Giger también estaban basados en elementos conocidos (más precisamente, el cuerpo y la sexualidad humana), y es verdad: la nave en ruinas parecía un hueso, sus paredes interiores semejaban costillas, sus entradas tenían aire de vaginas y el ser fosilizado en su puesto tenía forma fálica, por citar algunos ejemplos. Pero cabe la misma apreciación que con el monstruo: eran difíciles de definir. Para la mayoría del público, las obras de Giger eran desconocidas. La mayoría se enfrentó por primera vez a su arte delirante e insólito viendo “Alien” y no se dio cuenta de esas cosas. Es más, gran parte de la inquietud que provocaba su trabajo era precisamente que se percibía algo vagamente familiar pero su enfermiza y grotesca deformidad impedía relacionar claramente nada. El espectador digería, incómodo, elementos visuales nunca antes vistos, y contemplaba espantado el ominoso accionar de un ser espeluznante, en todos sus desconcertantes estados. Si en “Alien” se evitó mostrar demasiado al monstruo (como hizo Spielberg con “Tiburón”) y dar explicaciones sobre su ciclo vital, fue precisamente para que el espectador no tuviera la oportunidad de asociarlo con algo “normal” que pudiera menguar su efectividad a la hora de crear angustia. Su alien debía tener actitudes insólitas, desconcertantes, aunque con toques humanoides (ya que se gestaba dentro de un ser humano). Con ese mismo sentido Scott jugó a expandir aun más el desconcierto a pocos minutos de terminar su película: cuando Ripley huía en la nave auxiliar, la criatura, oculta muy cerca de ella, no le prestaba la más mínima atención. Se encontraba ensimismada, babeándose como loca y enfrascada en una tarea de lo más curiosa. ¿Qué hacía? ¿Construyendo un nuevo nido? ¿Creando un nuevo huevo? ¿Envolviéndose en un capullo y convirtiéndose ella misma en un facehugger? ¿Su estado estaría a punto de cambiar por otro completamente distinto? ¿Estaría preparándose para morir después de haberse reproducido por medio de Dallas y Brett? Nadie podía saberlo. ¡Y por eso era genial! Ese cuidado que tuvo Scott con su criatura fue totalmente subestimado por Cameron, que tiró todo por la borda, explicó minuciosamente todos sus secretos (según su criterio) y lució a su hormiga atómica desde todos los ángulos posibles, incluso corriendo despatarrada cual dinosaurio de Jurassic Park. Por el contrario, Scott fue tan cuidadoso en ocultar información sobre la vida de sus criaturas que dejó deliberadamente fuera una escena importantísima (luego incorporada en la edición “Director’s cut”) donde Ripley, ya cerca del final, descubría a Dallas y a Brett atrapados dentro de unos capullos. En dicha escena Dallas se halla aun con vida y conserva (dentro de todo) su lucidez, tanto que le ruega a Ripley que lo mate. El estado de Brett, en cambio, es impresionante: se encuentra prácticamente consumido, convirtiéndose lentamente en lo que aparenta ser un nuevo huevo alienígena. Algo aterrador por sus siniestras implicaciones, por la forma brutalmente despreciativa e insensible de utilizar la frágil vida humana. Scott parece sugerir que el propio alien adulto fabricaba los huevos valiéndose de sus víctimas y, es de suponer, hacía crecer en su interior un nuevo facehugger. Esta impactante versión, sin embargo no coincide con la de Cameron, cuyas víctimas atrapadas sólo sirven como incubadoras para los chestbursters. Al reincorporar esa escena Scott parece desestimar las innovaciones de Cameron y de paso afortunadamente amplía las especulaciones que planteaba ya de por sí su película. Digo afortunadamente porque ahí (en la especulación, insisto) estaba uno de los mayores logros del filme, que todo fuera un misterio, que el monstruo fuera inclasificable, que no se tuviera seguridad de nada, que su ciclo vital fuera imprevisible. Cameron desestimó olímpicamente el significado del cruel estado de Brett en aquella escena (dudo mucho que ignorara su existencia) ya que apuntaba en un sentido que no le convenía o no coincidía con su temperamento: era poco espectacular. Entonces aprovechó que Scott la había suprimido del montaje definitivo (por cuestiones de ritmo y para justamente ocultar el misterio) e impuso su propia y megalómana visión: una aparatosa mamá alien ponedora de huevos. Qué quieren que les diga. Para mí, contemplar el horror de Brett consumiéndose dentro de un huevo en formación vale más que cien reinas juntas. Algunos pueden opinar que así el ciclo vital no puede ser, que no encaja, que no se explica correctamente. ¿No encaja con qué? Sin duda con los parámetros humanos. ¿Y por qué debería encajar? ¿Por qué debería coincidir con nuestro mundo conocido? Si resulta inexplicable mejor, ahí está la gracia. Así hace honor al título: ALIEN = EXTRAÑO. ¿Por qué siempre hay que etiquetar meticulosamente todo? ¿Por qué se empeñan en dar siempre una explicación sesudamente científica? ¿A quién le importa? Es sólo una película de ficción no un documental del National Geografic. ¿Por qué se empeñan en normalizar aquello que fue concebido brillantemente para ser anormal? ¿Por qué razonar aquello que nació para ser irracional? ¿No se dan cuenta que así pierde todo su atractivo? De esa grosera manipulación deriva mi mayor aversión al filme de Cameron, pero eso no es todo.
El guión de “Aliens, el regreso” está repleto de tonterías, de trivialidades. Tomemos por ejemplo a los soldados y las cámaras de hipersueño. En ambas películas hay escenas similares: los viajeros son despertados por la computadora cuando llegan a destino. En “Alien” el despertar se percibe como un volver de la muerte, un proceso nada agradable, hasta traumático. Sugiere (lo vemos en el rostro de Kane, el primero en incorporarse) que ha de pasar cierto tiempo hasta que el cuerpo se descongela por completo y los músculos pierden su entumecimiento. Scott filmó esto de una manera muy realista, muy pausada, en forma muy similar a como rodó Stanley Kubrick su monumental “2001: odisea del espacio”. No hay diálogos, Scott potenció la imagen sobre lo sonoro y dejó que la música condujera las emociones. La verosimilitud por sobre todas las cosas. ¿Qué hizo Cameron con la misma situación? Ni bien se abren las congeladoras el caricaturesco sargento Apone, sin levantarse… ¡se mete un enorme cigarro en la boca! Drake exclama: “Nos pagan demasiado poco para esto”, a lo que Dietrich retruca: “Poco para despertar y ver tu cara”. Apone recorre los congeladores y pregunta: “¿Qué esperan, tesoritos, desayuno en la cama?”; más atrás Hudson rezonga: “¡El suelo está congelado!”, a lo que Apone propone: “¿Quieres que te traiga las pantuflas?”. ¡Esta avalancha de estupideces se dicen en seguidilla, cuando todavía no terminan de salir de sus cubículos y supuestamente están bajo los efectos de la hibernación! La sola comparación de cómo resolvieron ambos directores estas secuencias similares demuestra de forma cristalina ya no solo las diferencias artísticas existentes entre ellos, sino también las intelectuales, que nada tienen que ver con que si filman en Europa o en Hollywood. La calidad de un guión tampoco tiene nada que ver con la geografía. Todas las quejas y malestares que tratan de transmitir en esa secuencia los soldados de Cameron, están expresadas en la otra película por un solo actor (John Hurt) y sin decir una palabra. En “Aliens” las tonterías continúan y se hacen eternas: “Vasquez, ¿alguna vez te confundieron con un hombre?”, “No, ¿y a ti?”; “Debemos rescatar de su virginidad a las hijas de los colonos”; “Alguien dijo extranjero (alien) y ella pensó que eran inmigrantes ilegales”; “¿Será un combate en firme u otra cacería de bichos?”. Este último comentario de Hudson es muy significativo: evidencia con toda claridad que en el mundo ideado por Cameron los soldados están muy habituados a vérselas cara a cara con “bichos” de toda clase, forma y color. El alien ya no es “una extraña y desconcertante forma de vida extraterrestre”, sino simplemente un “bicho” más con el cual aún no han entrado en combate. Es más que evidente la influencia de la novela de Heinlein y la banalización de los conceptos originales. Entiendo que los soldados son mostrados muy orgullosos y confiados al principio para más tarde (luego del primer enfrentamiento) bajarles los humos. Pero ¿hacia falta hacerlos tan estúpidos? ¿Hacia falta filmar interminables diálogos banales que no conducen a nada? ¿Tantos minutos de metraje con bobadas como el juego del cuchillo, las destrezas de Vasquez y Drake con sus infumables armamentos (imposibles de sostener sin romperse la columna) o los juegos con las ridículas camaritas de los cascos (y demás accesorios inservibles) a las que tanta atención presta el teniente Gorman? -¿Cuántos descensos lleva hechos, teniente?” -38… simulados. -¿Y cuántos en combate? -Dos… incluyendo este. ¡Por favor!, ¿Eso es escribir un buen guión? ¿Eso es dotar a los personajes de profundidad psicológica? En lugar de tanto chiste fácil hubiera sido más efectivo y realista que los soldados fueran serios y profesionales desde el principio (soldados de verdad, no caricaturas), que de entrada se los viera preocupados, con miedo a perder la vida incluso, ya que ese estado de ánimo hubiese sido transmitido al propio espectador. Eso mejora más tarde, sí, pero para entonces soportamos un sinfín de gansadas. Unos momentos antes de la escena del juego del cuchillo hay un diálogo increíble entre Frost y Spunkmeyer: -No me molestaría acostarme otra vez con aquellas arcturianas. -¡Si, pero la tuya era un macho! -Si son de Arcturo no importa!. ¿Qué conclusión se puede sacar de este diálogo? Que existe un planeta llamado Arcturo (en realidad es una estrella), donde habitan seres muy fogosos que no se distinguen bien cuáles son machos o hembras y que es muy frecuentado por estos héroes. Otra lectura podría ser que a estos soldados, en materia sexual, les viene bien cualquier cosa. Pero lo increíble se hace evidente cuando trasladamos ese mismo diálogo a la extremadamente realista película de Scott. Sería como si a la tripulación del Nostromo le agregáramos seres como Chewbacca o el señor Spock! El infantilismo de Cameron llevó el angustiante “Universo Alien” a la altura de mundos como el de “Star trek”, “Star wars” o “Farscape”, donde los humanos conviven y se relacionan naturalmente y sin prejuicios con seres fantásticos procedentes de otras galaxias y que parecen recién salidos de la sala de maquillaje. Si los extraterrestres son hostiles los combaten, si son amigables, hacen el amor con ellos. Queda clarísimo como Cameron minimizó los conceptos originales hasta el punto de ridiculizarlos.
Es enormemente decepcionante ver en “Aliens, el regreso” la facilidad con que son exterminadas las criaturas. Cuando les disparan caen como moscas, prácticamente se desintegran. Y en un momento dado se ve claramente como una de ellas es aplastada por las ruedas del vehículo como una vulgar e inofensiva cucaracha. Hasta le pusieron el mismo ruidito: ¡craach! Hay momentos en que son derribadas por un solo disparo de pistola. Imagínense en el primer filme a Brett metiendo en la boca del alien el caño de su arma y abriendo fuego, como lo hace Hicks en cierto momento. ¡Imaginen esa osadía contra el alien original! Era inconcebible. Ante el monstruo los humanos quedaban paralizados por el terror. Dallas, por ejemplo, ni siquiera atinaba a usar su lanzallamas. Y lo mismo cabe decir de Brett y Lambert. El alien de Scott no estaba en ningún momento a la defensiva: el dominio que ejercía sobre los humanos era total. Viendo “Aliens, el regreso” uno llega a la conclusión de que los siete personajes originales eran, después de todo, un grupo de párvulos que no fueron capaces de eliminar a un pobre y solitario monstruito; y que no era necesario destruir el Nostromo, ya que Ripley podía haber achicharrado al ser con su lanzallamas y listo. Según el criterio de Cameron, un buen martillazo en la cabeza tal vez hubiera sido suficiente. ¿Qué pasó con aquellas demoledoras palabras del decapitado Ash, cuando se le preguntaba cómo matar a la criatura: “No pueden, aún no entienden a lo que se enfrentan: un organismo perfecto. Su perfección estructural sólo es igualada por su hostilidad.” Sin embargo, Cameron demostró que no eran indestructibles. ¡No hay quien pueda contra los marines yanquis! El monstruo más terrorífico de la historia del cine es súbitamente diezmado sin mucho esfuerzo por un grupo de infantiles y descerebrados soldados. Al revés de lo que ocurría en el filme de Scott, donde los humanos no sabían siquiera cómo deshacerse de él. ¡En ningún momento llegaban a saberlo! Siempre estaban en desventaja. ¿Qué demonios es? y ¿cómo la matamos? eran las preguntas que flotaban en el ambiente durante todo el metraje, aun a pocos minutos de finalizar. Era imposible adivinar cuál era su punto débil, el punto vital donde pudiera ser atacada con éxito y sin derramamiento de ácido. Y Ash confirmaba que no tenía ningún punto débil: era indestructible. A los humanos entonces no les quedaba otra que abandonar la nave o morir. El alien original era un depredador. Crecía en el interior del Nostromo y fuera de su hábitat natural (cualquiera que fuera) y se mantenía oculto por su instinto de supervivencia, por el simple hecho de que la especie humana era desconocida para él. Ningún depredador atacaría a otro animal si no lo conociera y estuviera seguro de su debilidad y de que no constituye un peligro para si. Se alejaría de inmediato si el otro presentara algún tipo de defensa o se mostrara dispuesto a reprimirlo. Recuerden como huía rápidamente la pequeña criatura salida del pecho de Kane. ¿Por qué lo hacía? porque se hallaba en desventaja, en un ambiente desconocido y rodeada de seres potencialmente peligrosos. Y ya adulta se mantenía en la oscuridad de los ductos y atacaba sólo cuando sus presas se encontraban solas y desprotegidas. Por el contrario, los aliens de Cameron arremeten ciegamente contra el grupo de humanos armado hasta los dientes y pelean estúpidamente hasta ser exterminados; y no son capaces de retirarse cuando la situación no los favorece. Sus “bichos” se empecinan en entrar en masa al complejo, aún cuando son masacrados por los robots centinelas (esto se ve en la versión extendida). Sólo logran penetrar aquellos que entran por el techo, pero para ser igualmente masacrados. Y en lugar de desistir y esperar otra oportunidad más conveniente, siguen persiguiendo sin sentido a los humanos por el interior de los ductos, donde las armas de los soldados los convierten en papilla. Los aliens de Cameron son como cucarachas, horribles a la vista pero frágiles como el cristal cuando se les pone un pie encima. Son lastimosamente humillados, muy disminuidos en su ferocidad e inteligencia. Vean sino el tramo final: la “malvada” Ripley destruye completamente el nido alienígena y obliga a la pobre reina y a sus “súbditos” a salir a defenderse, ¡a defenderse! ¿Cuál es la raza peligrosa en la segunda parte? Cameron, por lo tanto, cambió la naturaleza poderosísima del alien y lo volvió frágil, fácil de dominar, fácil de aniquilar. En suma: lo arruinó completamente. Es muy llamativo el hecho de que la actitud inteligente y agresiva del alien de Scott fue trasladada a otro extraterrestre cinematográfico: precisamente “Depredador”, y el alien, gracias a Cameron, quedó convertido con el tiempo en un estúpido y torpe bicho al que aquél caza y guarda como trofeo. ¡Qué humillación tan grande para Giger, seguramente nunca imaginó que su criatura sería maltratada de esa manera! Hay que tener muy en cuenta que el primer alien ni siquiera podía ser clasificado con toda seguridad como “animal”. Era un ser salvaje, pero totalmente desconocido, por lo tanto podía ser inclusive mucho más inteligente que los humanos. Ash lo daba a entender.
Otro aspecto a considerar, que en el filme de Scott era fundamental y que en su traslación al universo Cameron quedó arruinado, es el planetoide y su superficie. Cameron lo conquistó, lo colonizó, limpió su atmósfera, construyó un horrible complejo y lo hizo habitable. En consecuencia lo despojó de toda su sobrecogedora oscuridad, su tenebrismo insano, que invitaba al espectador a las más negras elucubraciones. Fue como si a una tétrica aldea medieval, iluminada por unas pocas velas, hubiese llegado súbitamente la luz eléctrica. Simplemente el terror se esfumó. De la insanía acongojante del paisaje original, producto de la mente gigeriana, quedó poco y nada. Quién iba a pensar allá por 1980, clavado a su butaca, tragando saliva y con un nudo en el estómago, que aquél remoto y hostil planetoide sería habitado en el futuro por familias enteras, que sería avasallado por la estúpida mano del hombre, que la inconmensurable soledad del espacio sería traspasada, quebrantada, para vivir confortablemente como en casa. Era inadmisible. Era como pretender que la realidad cotidiana coexistiera con los sueños, con las pesadillas; lo real con lo irreal. En ese planeta lo humano (y todo lo que con él convive) no tenía cabida, no encajaba de ninguna manera, era hostilidad y anomalía en estado puro. La atmósfera ominosa era casi palpable. Por eso de entrada la película era angustiante, por eso el sentimiento de peligro y de fracaso inevitable estaba presente desde el mismo comienzo. Kane introducía a la normalidad del Nostromo un fragmento de anormalidad arrancada del exterior. Lo onírico invadiendo lo real, lo irracional invadiendo lo racional. El momento más surrealista, el acontecimiento más bizarro, era cuando se juntaban por primera vez las tres razas o culturas diferentes: la humana, la del piloto de la nave en ruinas y la de los seres que viven dentro de los huevos. Era sobre el paisaje del planetoide donde la película hacía honor a su nombre/adjetivo. Lo que venía después eran las consecuencias de ese encuentro imposible; el monstruo era una consecuencia. Lo raro, lo bizarro, lo asombroso, lo horriblemente sublime estaba presente en aquellas formaciones rocosas, en aquella nave extraña, en aquella ventisca, en aquella luz infernal, en los tétricos e inhumanos sonidos. En resumen: el planetoide y la nave en ruinas eran fun-da-men-ta-les. A Cameron no le importó. Con su visión ya no hicieron falta los extraordinarios trajes diseñados por Moebius (tan extraños como la criatura misma) ni sus imaginativas escafandras. Los personajes de Cameron andan por el exterior así nomás, como si estuvieran paseando por las sierras. En la versión extendida un prolijo cartel anuncia ridículamente: “Hadleys Hope- 158 habitantes”; los hijos de los colonos juegan con sus triciclos y corretean dentro de las instalaciones. Faltó poner un campo de béisbol, un local de McDonalds y sumados a los marines bocas sucias, teníamos Yanquilandia completa. Hay una secuencia donde Newt, su hermano Timmy y sus padres se acercan a la nave en ruinas en un vehículo con la esperanza de hallar algún botín (su extraña forma, su origen y todos sus misterios no les interesa demasiado, a pesar de que es la primera vez que la ven: tal es la profundidad que Cameron le imprimió a la historia y a sus personajes). Es muy decepcionante para mí ver aparecer a una familia entera (alegre, relajada y en ropa de calle) acercándose a la estructura como si estuvieran de vacaciones. Esa misma estructura que originalmente estaba rodeada de tinieblas y cuyo interior se asemejaba a una pesadilla digna de H. P. Lovecraft. El pobre James Horner trató de crear inquietud con su música pero poco pudo hacer. Los risueños padres entran a explorar como si fuera una travesura de adolescentes, dejando solos a sus pequeños hijos afuera como en el estacionamiento de un supermercado. En el primer y salvaje mundo ideado por Giger era inconcebible la presencia de un niño siquiera: se hubiera muerto de miedo, después de haberse orinado y defecado encima. Si parece exagerado lo que digo, sólo basta con mirar ambas secuencias y compararlas. No hablo tanto de las diferencias técnicas o artísticas (¡que también!), sino sobre todo del nivel intelectual que hay detrás de sus respectivas concepciones. La de Scott tiene una deliberada factura documental, la de Cameron es elementalmente infantil, casi tonta. Y a propósito de los colonos, ¿cómo es que vivieron durante veinte años en el planetoide sin tomar contacto con la nave abandonada? ¿Nunca captaron la señal que emitía y que era el origen de la historia en la primera película?
Otro aspecto degradado en “Aliens” es el concerniente a los huevos y sus moradores, llamados “facehuggers”. Hacia el final hay una escena que involucra a Newt atrapada en medio de docenas de huevos. De pronto uno de ellos se abre y un ser sale “caminando”, tal vez intimidado por los insoportables chillidos de Newt. En principio es una escena semejante a la de Kane en el filme original, cuando este se acerca a un huevo y el parásito le salta a la cara. Pero cualquiera que compare ambas escenas se dará cuenta de inmediato de la enorme falta de creatividad que muestra la de Cameron: es inferior técnica, estética y artísticamente, y cero efectiva a la hora de crear alguna inquietud. El huevo que se abre ante Newt (solo, sin que nadie lo toque) lo hace de una forma tan burda y elemental que da la impresión de que va a pelarse como una banana. Los inconsistentes “pétalos” se doblan hacia abajo, y por allí asoma, tímidamente y con precaución, el simpático parásito. Una concepción absolutamente risible, a años luz de la pesadilla que hacía eclosión y derribaba a Kane en el filme anterior. Cameron convirtió el “facehugger” en un ser domesticado, un simple émulo de una vulgar araña que no produce ni siquiera repugnancia. Para colmo, enseguida aparece Ripley y le dispara: el ser se desintegra como si fuera de gelatina, totalmente inconsistente. ¡Nada, absolutamente nada que ver con lo hecho por Scott! Este mostraba magistralmente a través de los costados traslúcidos del huevo las agitaciones previas del ser antes de eclosionar, con un amenazador ruido a chapoteo y un realismo visual estremecedor. El huevo tenía vida propia, se lo veía palpitar en su parte superior antes de abrirse. Era orgánico, lo decía muy claramente Kane al examinarlo. En “Aliens”, en cambio, sólo se percibe el ingenioso mecanismo que lo hace abrir, nada más, el huevo en sí está muerto. Muchos dirán que los “facehuggers” de Cameron están mejor desarrollados, que mueven los deditos y hasta corren… No estoy seguro de que ese sea un acierto. Quizás si su andar fuera más extraño, más siniestro, podría haber sido una verdadera innovación, pero verlos correr como nerviosas arañas no me mueve un pelo. Por el contrario, la tenaz imperturbabilidad que mantenía sobre el rostro de Kane era mucho más inquietante. El ser cumplía fríamente con su función de plantar el embrión sin preocuparse por lo que sucedía a su alrededor, sin ningún temor a ser agredido, confiando plenamente en su espectacular sistema de defensa. Cuando se movía, lo hacía para aferrarse más a su víctima y el increíble y osado primerísimo plano que se hacía sobre él causaba verdadera repugnancia, hasta se podía imaginar su olor fétido.
No es cierto que los personajes de “Alien” carezcan de profundidad psicológica. Tampoco es verdad que no tengan emociones. Que Scott no las muestre no quiere decir que no existan. ¿Es que nadie se dio cuenta todavía de que en “Alien” lo que no se dice y lo que no se muestra es tan importante como lo que sí? ¿No entienden que dejar a merced de la imaginación del espectador ciertos aspectos es mucho más efectivo que enseñárselos? El hacerlo participar, que reflexione, que saque sus propias conclusiones, no darle todo servido en bandeja. No fue prioridad para Scott colocar ciertas emociones en primer plano. No exhibió a los personajes llorando desconsolados por un compañero muerto porque sencillamente lo dio por entendido, por obvio. Sería un lastre para el ritmo e implacable desarrollo de la historia el estar continuamente mostrando gente lamentándose por los rincones. Su estilo fue mantener ciertos aspectos “fuera de campo” (incluidas las supuestas muertes), donde el espectador los entendía y los completaba con su propio razonamiento y sentido común. Y si no los podía completar mejor, así aumentaba su angustia y expectación. En el ejemplo que plantea Adrián (la escena del nacimiento de la criatura, donde muere Kane), la reacción de sus compañeros es la lógica: quedan shockeados, paralizados, totalmente sorprendidos e incapaces de asimilar lo que acaban de presenciar. La escena siguiente muestra los pasillos vacíos y se oyen las voces de los mismos compañeros que buscan al pequeño ser. Esas dos escenas están unidas por el montaje, pero se da por comprendido que hubo un lapso de tiempo, tal vez horas, entre una situación y otra. En ese lapso de tiempo los compañeros pueden haber llorado y lamentado la muerte de Kane de mil maneras, pero a Scott no le interesó mostrárnoslo, lo da por hecho y basta. Unida a la breve escena del pasillo sigue la escena del funeral, donde también se da a entender que hubo otro período de tiempo entre ambas situaciones. Y en ese otro período pueden haber pasado un montón de cosas más que a Scott tampoco le interesó mostrar. Obsérvese por ejemplo que el cuerpo de Kane es lanzado al espacio cuidadosamente envuelto en un sudario, tarea que supuestamente les habrá llevado un buen tiempo, sin embargo no nos es mostrada. Después viene una escena en donde Brett y Ash muestran a sus compañeros los elementos que armaron para atrapar al pequeño ser (dos rastreadores y unas picanas eléctricas) que seguramente tardaron varias horas en confeccionar pero que tampoco se nos muestra. Es simplemente dejar ciertas cosas al margen (por obvias) para así agilizar la narración y contar lo que realmente importa para el desarrollo de la película. Cameron y Scott narraron sus historias de forma diferente, ni mejor ni peor: distintas. Y eso tiene que ver con las diferentes necesidades e intensiones con las que abordaron sus proyectos. El de Cameron es un filme de acción pero con momentos de descanso y seguridad, donde incluso se pueden permitir dormir un rato y relacionarse entre ellos (como lo hace Ripley con Newt, por ejemplo). En cambio en el de Scott, su suspenso sostenido obliga a que todo se centre en la supervivencia: no hay tiempo para conversar o lamentarse y tampoco hay un sitio seguro donde hacerlo. La desconcertante forma de vida que se introduce en la nave y los atrapa uno a uno (en menos de 24 horas, lo dice claramente Ripley a los soldados) los mantiene siempre ocupados y tensionados, con urgencia por entender en primer lugar qué es y en segundo lugar cómo eliminarla (sin herirla porque su sangre perforaría el casco, habría una despresurización y morirían todos). Es una carrera contra la muerte, un problema a solucionar urgentemente para poder volver a las congeladoras antes de que se agoten todos sus recursos, como el alimento y el oxígeno. Adrián también alude a la falta de sensibilidad de Parker ante la muerte de su amigo Brett, pero creo que su reacción es la lógica: siente bronca e impotencia y no puede creer hasta que punto creció la criatura que acaba de vislumbrar. Su estado de shock (y miedo) es más grande que su dolor por la perdida de su amigo. Ante una situación de vida o muerte (como los soldados en medio de una batalla) lo principal es la supervivencia, las lamentaciones quedan para más tarde. Además, si observan las muertes de Spunkmeyer y Ferro en el segundo filme, se darán cuenta que lo hecho por Cameron fue igual o peor: un alien polizón los destroza en pleno vuelo, la nave cae a tierra, explota y se desintegra en mil pedazos… y sus compañeros sólo se lamentan por que ya no tendrán forma de volver a la Sulaco. Enseguida se ponen a maldecir y a discutir cómo van a sobrevivir a partir de allí. Ni una sola expresión de dolor hacia sus antiguos camaradas. Y hay más: ¿quién lamenta la muerte de Hudson? ¿Quién comenta (aunque no lamente) la desaparición de Burke? A Ripley y a Hicks tampoco se les mueve un pelo ante las muertes de Vasquez y Gorman, unos pocos metros atrás e inmolados en su beneficio.
Los siete tripulantes del Nostromo tenían (o tienen) personalidades bien definidas, caracteres humanos bien diferenciados que precisamente los convertían en presas fáciles ante el salvaje accionar del monstruo. La curiosidad e imprudencia de Kane, la apatía y lentitud de Brett, la falta de carácter y temeridad de Dallas, la emotividad y cobardía de Lambert y la confusión e indecisión de Parker eran los rasgos humanos que los llevaban a la perdición: morían por su simple e imperfecta condición de seres humanos. Y el monstruo parecía conocer esas peculiaridades, ya que se aprovechaba de ellas para cazarlos. Ripley era fuerte y decidida, pero sobrevivía no por convertirse en Rambo (como en el filme de Cameron) sino más bien por una gran cuota de suerte, ya que al final la criatura se hallaba más interesada en otros menesteres. Es muy interesante observar aun hoy, en las relaciones que se establecían entre los tripulantes del Nostromo, como Ripley era continuamente cuestionada o censurada. Parker no soportaba que bajara a controlar su trabajo, Dallas no soportaba que cuestionara sus decisiones en cuanto a la conservación del ser, Ash no soportaba que se metiera en sus investigaciones científicas y Lambert tomaba una actitud desafiante en todo momento, incluso llegaba a pegarle (escena descartada en su momento e incorporada más tarde). La negativa de Ripley de dejar entrar a la nave a Kane con el ser adherido ponía en el tapete un más que interesante dilema moral. Al margen de que los acontecimientos terminaban dándole la razón, lo cierto es que en principio su actitud era muy cuestionable y que los argumentos de Ash eran tan válidos como los de ella. Es más, ignorando que aquel era un androide que protegía a la criatura, podíamos decir que su actitud era más humanitaria que la de ella: le preocupaba la salud de Kane (aparentemente), mientras que a ella sólo le interesaba que no se quebrantaran las reglas de cuarentena y evitar así un posible contagio. La actitud de Ripley era mezquina, insensible y hasta desleal, por lo tanto no era la heroína infalible que todo lo sabe y en la cual confía ciegamente el espectador. Por el contrario, Ripley quedaba con una imagen más bien negativa. Kane podía estar agonizando y no había ningún motivo para sospechar que el ser fuera un peligro para los demás, de manera que su postura estricta, inflexible, se ganaba lógicamente la antipatía de sus compañeros y, hasta cierto punto, la del público (aun sabiendo que ella estaba en lo cierto en cuanto a la peligrosidad del intruso). Sin embargo el espectador atento, aquel que sabe razonar y que no espera que le expliquen todo, se daba cuenta del motivo por el cual Ripley comenzaba a sospechar de las intensiones del oficial científico: había una gran contradicción en su forma de proceder. Al principio, cuando Parker y Brett se negaban a investigar la llamada de auxilio, era el propio Ash quien sacaba a relucir las normas y reglamentos de la Compañía y los amenazaba con la perdida de la paga si ellos no cumplían las reglas. Contrariamente después, cuando se trataba de hacer cumplir otras reglas de la misma compañía (las de cuarentena), era el primero en desobedecerlas. El interés de Ash por la criatura quedaba bien evidenciado, eso es lo que trataba de hacerle entender Ripley a Dallas, pero éste, por su carácter condescendiente, no quería ver la realidad. Estos personajes cargaban con sus propias incertidumbres, sus inseguridades y desconfianzas, como le pasa a cualquier persona en su lugar de trabajo, agravadas en su caso por la presencia del “intruso” (con todas sus características desconcertantes) que los volvía casi paranoides. El guión establecía una sólida interrelación entre ellos. Cualquiera que la vea hoy en día puede comprobarlo. Obsérvese la sutil manipulación que ejerce Ash sobre Dallas, la antipatía de Parker hacia Ash y la irritabilidad que le provoca Ripley (no soporta que una mujer lo mande), la actitud emprendedora de Kane sobre la inercia de Dallas, la rivalidad entre Lambert y Ripley (que se intuye muy anterior al episodio de la bofetada, quizá por ser las únicas dos mujeres en un mundo de hombres), el paternalismo de Parker sobre Brett, el interés de Parker por Lambert o el interés de Dallas por Ripley (por algo no permite que vaya tras el monstruo), etc. Las relaciones entre ellos no están tanto expresadas en diálogos sino más bien en actitudes, en miradas, en gestos. Sólo hay que saber observarlos. Por ejemplo: Parker en ningún momento le dice a Ash que no le cae simpático, pero vemos como le exige que se levante de “su” silla (y luego la limpia) y más tarde se niega a que lo acompañe a recargar los lanzallamas. Dallas en ningún momento dice que la situación lo sobrepasa y que no sabe cómo manejarla, pero vemos en su rostro claramente su desconcierto y su búsqueda de apoyo en Ash. Son detalles aparentemente sin importancia (no expresados en diálogos) pero que revelan, por el contrario, los sentimientos que llevan en su interior y que hacen sólidos y profundamente creíbles a sus respectivos personajes. Todos ellos son retratados como personas simples puestas en una situación límite. Alguien los definió como camioneros del espacio, y me parece una analogía muy acertada. En ese sentido el guión buscaba la necesaria identificación del espectador común. No son héroes, no son sabios, no son orgullosos militares. Sólo frágiles seres humanos inmersos en la soledad más profunda y enfrentados a lo desconocido, bajo tres amenazas diferentes: la “inexplicable” forma de vida extraterrestre, la Compañía y su instrumento robotizado Ash y el propio Nostromo, una auténtica y claustrofóbica trampa mortal, una pesadilla tecnológica gobernada por la computadora Madre, ese otro “ser” sin sentimientos y sin moral (como el octavo pasajero); verdadera discípula del genial Hal 9000 de “2001: Odisea del espacio”, máquinas nacidas para traicionar a sus propios artífices (curiosamente un tema con el cual James Cameron elaboraría su propia obra maestra, la saga de Terminator). Hay también en “Alien”, incorporadas en el argumento, un par de interesantes lecturas críticas a nuestra sociedad. Una es al siempre voraz deseo del ser humano por el poder y la riqueza, representado por La Compañía, que no sólo explota los recursos del universo transportando minerales a la Tierra, sino que es capaz de sacrificar a sus propios y mal remunerados empleados por obtener más beneficios. Y por otro lado, la creciente dependencia del hombre hacia las máquinas, que llegan a dominar muchos aspectos de su vida (el nombre de Madre no es casual), olvidándose de que éstas no tienen sentimientos y que, en definitiva, sólo hacen aquello para lo que han sido programadas.
En “Aliens, el regreso”, salvo Ripley, Hudson y algún otro, los personajes son superficiales, unidimensionales, como figuras recortadas de una revista, porque están explicados de entrada y así permanecen siempre; son funcionales pero no profundos. Comparemos por ejemplo a Vasquez con Lambert. En el primer caso, en lugar de dejar que el espectador vaya descubriendo su carácter según como ella se va desenvolviendo en el desarrollo de la historia, Cameron la define rápidamente en su primera escena y así la mantiene hasta su final. Al minuto de aparecer en pantalla sabemos que es una guerrera bastante machorra, orgullosa de si misma y dispuesta a dar batalla no solo contra los aliens sino también contra los hombres que la acompañan. Uno sabe al instante (por su actitud y parloteo) lo que se puede esperar de ella y lo confirmamos en cada una de sus escenas posteriores. Lambert, en cambio, no es definida como cobarde en cuanto sale del hipersueño, ni cuando está comiendo y fumando momentos después, ni cuando hace sus mediciones y cálculos; es algo que vamos descubriendo paulatinamente según avanza la trama. Y (suponiendo que vemos el filme por primera vez) no podemos estar seguros de cuáles pueden ser sus reacciones futuras. Y al final nunca sabemos si es cobarde por naturaleza o simplemente la superan las circunstancias. Comparen a Hicks con Dallas, para dar otro ejemplo. Hicks es presentado como el más serio, tranquilo y responsable del grupo de soldados, y a medida que avanza la trama se siente atraído por Ripley, pero la cosa no llega demasiado lejos. Poco y nada más se puede agregar de él. Cuando queda al mando sigue siendo el mismo tipo de antes: serio, tranquilo y responsable. No hay arco evolutivo. Ni siquiera demuestra alguna inquietud o temor por su vida. La psicología de Dallas, en cambio, es bastante más interesante: si bien es el capitán no es una persona especialmente inteligente (fíjense por ejemplo que la propia Ripley obtiene mejores respuestas de Madre que él). Es un tipo perezoso, no le agradan las responsabilidades y los problemas que lo apartan de su plácida rutina (Fíjense como se aísla de los demás para reposar y escuchar música). El activo y curioso Kane parece pasar por encima suyo, sugiriendo ideas y maneras de proceder (además de ir al frente en la exploración). Su personalidad dubitativa hace también que se apoye mucho en la autoridad que irradia Ash y no se percata que éste lo maneja (o sí se da cuenta pero le resulta cómodo). Ni siquiera le recrimina que dejó crecer a propósito al ser dentro de Kane. De esa personalidad apocada se aprovechan los inconformistas Parker y Brett, que se la pasan reclamándole sus bonificaciones y además desafían su autoridad cuando se niegan a responder a la llamada de auxilio. Luego de la supuesta muerte de Brett, sin embargo, Dallas se da cuenta que no puede seguir esquivando sus obligaciones, que la cosa es grave y él es el responsable de la nave, de su valiosa carga y de las vidas de sus subordinados. De esa manera adopta una actitud temeraria y decide enfrentar solo a la criatura, aun en contra de su voluntad y sentido común. Ya en el interior de los ductos, y ante la presencia cercana del monstruo, el miedo más primitivo se apodera de él y corre desesperado por salvar su vida. Más humano imposible. En “Aliens”, en cambio, Bishop es presentado como un androide confiable y así lo demuestra siempre, por más que Cameron intente darle un aire de conspiración a la escena donde estudia un facehugger. Sabemos de entrada que es “bueno” porque sencillamente no tenía sentido hacer lo mismo de antes. Newt es interesante cuando está traumatizada al principio pero luego se recupera milagrosamente y pierde interés (y grita mucho además). Apone es una risueña caricatura y Drake, Ferro, Spunkmeyer, Crowe, Frost, Dietrich y wierzbowski son sólo carne para tirar al asador, están para morir. Son simples comodines, piezas útiles como el gato en la primera película. Carter Burke, el conspirador de La Compañía, en lugar de ser una persona fría, siniestra, cínica, resulta ser por el contrario un simple yuppi de los años 80. Su psicología es la de un simple estafador o ladrón de billeteras, el clásico pillo de poca monta que de tan torpe termina siendo simpático. Si hasta parece salido de otra película (alguna comedia romántica). Los secundarios más interesantes son Hudson, cuyo carácter no solo evoluciona sino que, de la mano del gran Bill Paxton, logra dar un giro de 180 grados y en menor medida el teniente Gorman, aunque su vergüenza ante su propia ineptitud está apenas esbozada. Y lo que pasa con el personaje de Ripley es lógico: en “Aliens, el regreso” tiene más profundidad sencillamente porque es protagonista absoluta: carga con el peso dramático de toda la película, no como en la original donde deliberadamente eran todos parejos (hasta que quedaba ella sola, claro). Allí el personaje de Ripley estaba tapado a propósito. La idea era que el espectador se aferrara naturalmente de Dallas (que era el capitán), de manera que cuando desapareciera en mitad de la película el pobre espectador se quedara anonadado y sin saber a qué atenerse. Sigourney Weaver era una completa desconocida entonces, con un personaje secundario que emergía sólo al final como protagonista absoluto y vencía al monstruo. Sumado el detalle de que era una mujer, resultó toda una novedad para la época, cuyo impacto fue minuciosamente planificado.
Creo sinceramente que la decadencia de la serie no empezó con Alien 3, como muchos piensan, sino precisamente antes, con “Aliens: el regreso”. Cameron dio el puntapié inicial. Impregnó su película de un espíritu cercano al de los videojuegos, llena de acción y donde todo consistió en disparar contra los muñequitos que aparecían, al tiempo que minimizó y ridiculizó los elementos terroríficos originales. Como tuvo muchísimo éxito mostró el camino a seguir, un filón a explotar. Así comenzaron a aparecer comics donde los aliens peleaban contra Depredador, contra Superman, contra Terminator o el Juez Dredd. Luego vinieron los juegos basados en esas revistas y luego aparecieron las lamentables películas basadas en esos comics y juegos, que sumadas a las deficientes secuelas de la propia serie terminaron por destruir por completo lo edificado por Ridley Scott y ya todo fue un sinsentido. Las nuevas generaciones se ríen a carcajadas cuando uno intenta explicarles el miedo irracional que sintió al ver por primera vez el filme original allá por 1980. Viendo en qué fue transformándose la cosa, uno no puede más que darles la razón, quedarse callado y regocijarse interiormente por haber sido un afortunado testigo del impacto de aquella primera vez, fresquísima en la memoria. Alien 3, con la vuelta a un solo monstruo y la ausencia total de armas, fue un vano intento de corregir los excesos de “Aliens, el regreso” y volver a las fuentes, pero fracasó porque el daño ya estaba hecho y en sí esa nueva aventura tenía sus propias tonterías, como que el alien emergiera de un pobre pichicho y luego corriera en cuatro patas a la velocidad del correcaminos; o ese desenlace a lo “Terminator 2” que no convenció a nadie. Ni hablar del propio personaje de Ripley, cuyas desventuras sin fin dejaban de ser creíbles. Sin embargo, en varias de sus escenas, David Fincher logró una atmósfera muy interesante (la escena de la autopsia de Newt, por ejemplo) Salvando las distancias, “Alien” estaba más cercana al cientificismo de “2001: odisea del espacio” (película a la que le debe muchísimo, insisto). Kubrick y Scott supieron plasmar magistralmente el inabarcable horror de sentirse solo e indefenso en medio del espacio infinito. La impactante credibilidad de las imágenes de “Alien” (el aterrizaje del Nostromo, por ejemplo) sólo era comparable a las del legendario filme de Kubrick. A pesar de no ser tan profunda ni tan filosófica como aquella, tenía en el fondo la suficiente seriedad (léase Calidad) como para que nosotros nos preguntáramos qué le espera a la humanidad en su empeño en explorar el universo. ¿Qué seres extraños y qué peligros deberán enfrentar los astronautas del futuro en el espacio exterior? Recordemos que el filme de Scott se estrenó a solo diez años de que el hombre pisara la luna por primera vez. El sueño loco de conquistar otros planetas estaba en la fantasía de todos. Con “Aliens, el regreso” ese tipo de reflexiones no pueden hacerse. La única pregunta posible sería tal vez esta: en caso de una invasión ¿cuánto insecticida hará falta para exterminar a tantos “bichos”?