Recapitulemos: europeísmo, estilo (a priori) más de autor, originalidad, fuerza expresiva, autoexigencia. Realmente el primer Alien es algo fuera de serie, un título muy importante, que trasciende sus marcos genéricos para proponer una aventura tan sencilla como terrible, tan clásica como ingeniosa y sorprendente. Una hermosa esfera sin la mínima arista, y dentro de ella se haya el germen de una sinfonía de horror inigualable, auténtico mundo cerrado en sí mismo…¿Cerrado en sí mismo? No tanto.

Alien sigue siendo casi 30 años después, casi sin ninguna duda, no sólo uno de los films de los llamados “de miedo” más poderosos jamás hechos, sino quizá el film de monstruos alienígenas definitivo (¿cuántos millones de copias se han hecho de él, consciente o inconscientemente?). Pero ese Mundo Alien al que hemos hecho alusión anteriormente está tan sólo esbozado (y aquí juega papel primordial el genio de dos artistas de la imaginación sinpar como Moebius y Giger), está sugerido, comenzado a armarse, lo que quizá concede al film incluso más desasosiego, al no saber exactamente qué hacer para matar a la criatura; al mismo tiempo que deja bailando en la mente del expectador las tenebrosas incógnitas sobre la nave encontrada en el L-426, las intenciones de la compañía dueña de la nave y algunas cosas más.

Cuando, 7 años después, se encomendó a un primerizo James Cameron la redacción de un nuevo argumento y del guión de una segunda aventura, el genio canadiense lo tuvo claro: su primera y última influencia (cinematográfica) sería Alien, pero no por ello haría una simple continuación: traicionaría lo imprescindible para crear un film que abarcase, de alguna forma, al anterior, y lo completase, a su estilo.

Superar lo insuperable

Un film de guerra. No un segundo film de horror y suspense. Muchas preguntas, no todas, serían contestadas. Así mismo, el argumento formulaba nuevas preguntas para una eventual tercera parte.

  1. Mayor profundidad psicológica.

Qué poco me gusta (cliché de crítico mediocre) cuando se le achaca a un film de género que tiene poco desarrollados los personajes. En un film, el desarrollo de los personajes no es tan explicativo como en una novela. A menudo se tienen muy pocas oportunidades de construcción. En realidad ésta no existe. Se trata de una construcción aparente…basada en una profundidad psicológica coherente secuencia a secuencia, algo mucho más difícil de lo que pueda aparentar. Cameron tiene especial talento para ello. En el personaje estrella, Ripley, que es el eje emocional absoluto del film, observamos una grandeza dramatúrgica muy superior, en todos los niveles, a su rol en el primer film, y ello a pesar de tratarse de una película considerablemente más vertiginosa y con menos tiempos pausados.

Ello no es sólo mérito de una gran Weaver (nominada al Oscar en Aliens) y de Cameron, sino de un reparto de secundarios capaces de darlo todo, de formar un grupo compacto de rostros y fisicidades que en las secuencias en las que comparten imagen con Weaver, la ayudan, tiran de ella, sostienen la secuencia y le permiten vivir el plano. Son todos, Carrie Henn, Michael Biehn, Lance Henriksen, Paul Reiser, Bill Paxton, William Hope y Jenette Goldstein, actores poco conocidos pero entregados y desbordantes depositarios de una gran carga de verdad. Éste grupo, nuevamente encerrado, como en la primera, a la espera de la muerte salvaje, contiene, a mi juicio, más réplicas y contrarréplicas de emociones en sus interrelaciones que en la primera parte.

Lo que en el film de Scott es un (brillantísimo, ya lo hemos dicho) ejercicio de suspense de una pureza sobrecogedora, con unos cuantos trazos interesantísimos en las interrelaciones de los personajes, para después dejarles morir, como dictan las normas del horror espacial de asesinato sistemático, en soledad; es en el de Cameron un más compacto, intenso horror. Scott hace lo que debe: sus personajes se enfrentan a lo inimaginable, pero la respuesta emocional de los compañeros no es ni tan trabajada ni tan verdadera como en Aliens. Me explico: cuando muere la primera víctima en el nacimiento de la criatura, en una secuencia espeluznante, nos quedamos más con el horror de lo sucedido que con una respuesta emocional del grupo. Se corta (vean la película, si no me creen o no se acuerdan) a un plano vacío de los pasillos de la nave, y oímos a los compañeros buscar al pequeño diablo. Ésto es una buena idea de tono, acrecienta la inquietud. Después pasamos al breve funeral. Ningún primer plano, por supuesto, se trata del frío, aséptico, Scott.

Después, cuando es asesinado el personaje del mecánico, interpretado por Harry Dean Stanton, sin duda su amigo, el enorme negro Yaphet Kotto, lo siente profundamente, pero tal respuesta emocional dura poco y no está expuesta con las implicaciones morales del segundo film. Vásquez, la fascinante mujer guerrero interpretada con genial intensidad por Jenette Goldstein, pierde a su amante Drake por culpa de su superior, ¡al que intenta matar después de la masacre estando éste en coma!. Mucho más tarde, el teniente, en una breve secuencia de redención, morirá con ella, y hay una indescriptible fuerza en el momento de la muerte de ambos: un perdón, una plegaria, un momento de coraje arrebatado. Sólo ésta subtrama aquí expuesta nos acerca a la respuesta de la superioridad absoluta del segundo film, pues todos los personajes, aún en el filo de la muerte, se enfrentan a dilemas morales y a otra muerte, la muerte interior. Son personas reales. Como Hudson, el cobarde-valiente, el niño que se convierte en hombre en el instante de la muerte. La genial interpretación de Paxton se pega a la retina y tira de ella para no olvidarla nunca. Con cuanto talento Cameron, en dos trazos, pone en pie, da vida, a lo que en Scott no pasa de muñecos, genialmente dirigidos y de gran impacto visual en sus trabajos, pero muñecos sin vida.

No nos importa lo que le suceda a la tripulación de la Nostromo. Nos importa nuestra propia seguridad. Sentimos al Alien en la sala de cine, en la sala de estar. Es Alien la suprema obra maestra del montaje, el horror, el síncope, la inquietud. En Aliens no sólo nos parece tener la sala abarrotada de monstruos, sino que sentimos profundamente la pérdida de los personajes, deseamos su supervivencia. De ahí el choque de los últimos 45 minutos.

Termina en (4)