El cine español parece haber encontrado, en su condición de eterna convaleciente de crisis de público y de identidad, desde hace ya unos cuantos años, una alianza con cineastas y productores e inversores latinoamericanos, con films hechos en España o en otros países, dirigidos por directores españoles o sudamericanos o de otro orden. A mi juicio, es una buena iniciativa que, a menudo, ha cuajado en interesantes proyectos o, incluso, en grandes películas (pienso ahora en Martín Hache).
Una de esas alianzas lleva varios años de curso, y consiste en la relación de Guillermo del Toro con éste país, el que ahora acoge como de producción propia éste El Orfanato, aunque el responsable de que se haya hecho realidad es el director de El laberinto del fauno. Gracias a su nombre, su financiación y su experiencia, éste film goza de un nivel de producción y de márketing como no se conocía en todo éste año…y en varios más.

Ahora, tras el triunfo de Del Toro con su último film es España, le ha ofrecido a un novato en ésto de dirigir largometrajes, aunque curtido en publicidad y autor de algunos cortos estupendos (Mis vacaciones, El hombres esponja), J.A. Bayona, una oportunidad para efectuar una aportación al clásico subgénero de las casas encantadas, un melodrama de terror con todas las constantes presentes en esas atmósferas que germinaron en Europa y que EEUU fue desarrollando con su poderío a la hora de fijar estereotipos, y que Amenábar supo traer a su territorio con su éxito Los otros.
Y lo hace sobre un guión sólido de Sergio G. Sánchez, aunque de trama en verdad algo confusa y deshilvanada, que desarrolla la historia de un matrimonio y su hijo en un antiguo orfanato donde vivió la madre del pequeño. Y, aunque Bayona despliega un dominio del oficio solvente para un primer film, y pocas veces pierde el control de la historia, es incapaz de aportar un título significativo al cine de terror gótico, por una mirada impersonal, una ausencia absoluta de riesgo en la búsqueda de la emoción en las siniestras zonas de la imaginación, y unos personajes que en ningún momento trascienden la pantalla.
Belén Rueda soporta a duras penas todo el peso del film, y sus dramaturgia, que debiera haber sido el eje vertebrador de la emoción y de la verdad del film, se sostiene porque la secuencia no le permite caer en la mediocridad, y sus transiciones y giros dramáticos, que existen y no están del todo mal, saben a poca cosa, a esforzados y forzados. Así como sus relaciones con el resto de actores, pues nunca te crees la relación con su marido, ni del todo con su hijo.
El viaje, el itinerario, la peripecia vital, es mínima, pero aún tenemos dos secuencias memorables, como la del juego de niños al que echa mano la protagonista para conectar con los fantasmas, o la escalofriante secuencia de Geraldine Chaplin, una suerte de Médium logrado y con sana ironía. Pero no bastan para enhebrar un film irregular, cuyo desenlace es ridículo, por increíble, manido, ñoño y mentiroso, un final impostado que confirma que en ningún momento se buscaba realizar un gran film, sino simplemente asustar al personal con cuatro o cinco sustos bien hechos.
Se podía haber hecho mucho más.


Lo primero, debo decir que me gustó.
Me pareció una película sin pretensiones, que agarra con fuerza al asiento a base de sustos, con todos los ingredientes del género, columpios que chirrían, espantapájaros, niños con cara loco, cuevas oscuras y un largo etcétera.
No creo que las obras maestras se planifiquen, pueden salir o no, y en este caso de planifico una película de terror al uso, sin pretensiones magnificantes.
Tan deseosos estamos de que el cine español de éxitos que olvidamos las películas como esta que no están nada mal, sin ser genialidades, son la base para que salga el buen cine.
Estoy confome con la poco química entre el matrimonio, pero Belén Rueda si me parece que lo hace bien, porque insisto no busco obras maestras sino cine entretenido.
Vamos, que a mi me gustó y la recomiendo. Que se podría haber hecho más, pues claro, cuándo no?
Estoy de acuerdo con Gorgonsola, la película, sin llegar a ser una obra maestra de esas que te gustaría pasarte la vida viendo (se me viene a la cabeza, a título personal, El padrino) es una película bastante buena, de las mejores del cine español de un tiempo hacia aquí.
Te mantiene tenso y a la expectativa durante toda la película.
Sobre el final, pues para mi es correcto, no se podía esperar otra cosa, o al menos yo no podría esperarla.