Ésta brillantísima actriz británica ha muerto por complicaciones del párkinson que padecía desde hacía varios años, y con ella muere uno de los rostros más dotados para su oficio que surgieron en la década de los 40 en Europa y después triunfaron en los 50 en Estados Unidos.

De sólida formación teatral, Kerr, nacida Deborah Jane Kerr-Trimmer, fue primero estrella de cine en su país, para después, ya en la década de los 50, encasillarse primeramente en papeles de la mujer estereotipada que ella nunca fue. Queriendo huir de los clichés, se la jugó con uno de los papeles que le valieron la nominación al Oscar, su excelente trabajo en From here to eternity, que dirigió en 1953 Fred Zinnemann. Es de este film la famosa secuencia del beso en la playa, de la que pongo una imagen arriba del todo, que resultó todo un escándalo en aquella época puritana.

Éste espaldarazo a su personalidad artística y a sus inquietudes le sirvió para, a partir de entonces, desarrollar su gran talento dramático en papeles más ricos en profundidad y matices, construyendo esa imagen de esposa norteamericana o, simplemente, de mujer norteamericana de mediana edad tan representativo y que tanta huella dejó en los años 50 y 60, como el prototipo de personalidad femenina interesante, aunque corriente. Prueba de ello son sus trabajos, algunos en el borde de lo genial, de An affair to remember, Separate tables, The Sundowners, The innocents, The night of the iguana