François Truffaut: Fue en Atrapa a un ladrón cuando los periodistas se interesaron por su concepción de la heroína cinematográfica. Usted ha declarado en varias ocasiones que Grace Kelly le interesaba porque, en ella, el sexo era “indirecto”.

Alfred Hitchcock: Cuando abordo cuestiones sexuales en la pantalla no olvido que, también ahí, el suspense lo es todo. Si el sexo es demasiado llamativo y demasiado evidente, no hay suspense. ¿Por qué razón elijo mujeres rubias y sofisticadas? Buscamos mujeres de mundo, verdaderas damas que se transformarían en prostitutas en el dormitorio. La pobre Marilyn Monroe tenía el sexo inscrito en todos los rasgos de su persona, como Brigitte Bardot, lo que no resulta muy delicado.

F.T.: Es decir, usted desea ante todo conservar una paradoja: ¿mucha reserva aparente y mucho temperamento en la intimidad?

A.H.: Sí, y creo que las mujeres más interesantes, sexualmente hablando, son las mujeres británicas. Creo que las mujeres inglesas, las suecas, las alemanas del norte y las escandinavas, son más interesantes que las latinas, las italianas o las francesas. El sexo no debe ostentarse. Una muchacha inglesa, con su aspecto de institutriz, es capaz de montarse en un taxi con usted y, ante su sorpresa, desabrocharle la bragueta.

F.T.: Comprendo muy bien su punto de vista, pero no estoy seguro de que la mayoría comparta sus gustos. Me parece que al público masculino le gustan las mujeres de aspecto muy carnal y esto queda confirmado por ciertas mujeres que llegaron a ser estrellas, aunque sólo rodaban casi siempre malos films, como Jane Russel, Marilyn Monroe, Sophia Loren, Brigitte Bardot; me parece por tanto, que la mayor parte del público aprecia el sexo evidente, o, como usted dice, “inscrito en el rostro”.

A.H.: Es posible, pero usted mismo dice que no pueden rodar más que películas malas. ¿Por qué? porque con ellas no puede haber sorpresa, y, por tanto, buenas escenas. No se produce en ellas el descubrimiento del sexo. Observe el comienzo de To catch a thief. Fotografié a Grace Kelly impasible, fría, y casi siempre la presento de perfil, con un aire clásico, muy hermosa y muy glacial. Pero cuando circula por los pasillos del hotel y Cary Grant la acompaña hasta la puerta de su habitación, ¿qué hace?, hunde directamente sus labios en los del hombre.

F.T.: Es cierto, porque se esperaba todo excepto eso; pero creo, sin embargo, que esa teoría del acto helado es algo que usted consigue imponer a pesar de la inclinación natural del público, al que le gusta ver de entrada muchachas fáciles.

A.H.: Quizá, pero no olvide que, una vez el film ha terminado, el público está contento.

F.T.: No lo olvido, pero, sin embargo, me arriesgo a exponer una hipótesis: ¿No cree que este aspecto de sus películas satisface tal vez más al público femenino que al masculino?

A.H.: Es posible, pero le diré que, en una pareja, es la mujer la que elige el film que van a ver, y diré, incluso, que es ella quien decide después si el film es bueno o malo. Las mujeres pueden perdonar la vulgaridad en una pantalla a condición que no sea expresada por personas de su propio sexo.

De El cine según Hitchcock, por François Truffaut