Uno de los músicos de mayor talento que trabajan actualmente en películas para los estudios de Hollywood, es sin duda el septuagenario pianista y compositor norteamericano Dave Grusin, quien, desplegando siempre una sobriedad de color musical y una sencillez proverbial en los instrumentos, se puede considerar casi el narrador de las imágenes, y que éstas no es que estarían desnudas sin sus notas, sino que parece que apoyan a su trabajo y no al revés.
Ha prestado su refinado y poco alabado toque maestro en relativamente pocas películas, pero deberíamos destacar las más importantes en lo que se refiera a su aportación:
Mulholland Falls (1996) - Se habló mucho, y con razón, del soberbio trabajo de Goldsmith en la recreación del cine negro de época para L.A. Confidential, pero muy poco de esta obra maestra, para mi gusto muy superior a aquél, resuelta con un piano majestuoso, pocos cortes, y un fondo de cuerda vibrante, elegante y suntuoso.
The firm (1993) - partitura extensa y sorprendente, en la que siempre oímos, tan solo, a un piano, nunca hay otro instrumento, ejecutado por supuesto con habilidad de maestro de maestros por Grusin, quien, con un toque irónico a menudo, romántico a veces, pinta el más complejo de los retablos para que Pollack lo eche a perder con su dirección equivocada e impersonal.
The fabulous Baker Boys (1989) - sentida y bella partitura, plagada de temas jazzisticos, con diversas canciones ya legendarias, en la que Grusin da una lección de cine y de música de cine elegante y que se puede escuchar, perfectamente, sin ver la película.


