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Su título original es Young Sherlock Holmes, aunque también se llamó, durante un tiempo, Pyramid of fear. Ocurre una cosa muy interesante con éste film: no he conocido a nadie a quien no le gustase, e incluso a quien no le pareciese una pequeña joya. No soy una excepción a eso.

Puede ser, casi con toda seguridad, la mejor película dirigida por el astuto y mecánico y tramposo Barry Levinson. La dirigió hace 22 años, en 1985, y no ha envejecido absolutamente nada. Tanto es así, que ahora mismo puede considerarse una de las pocas películas para todas las edades hecha con inteligencia, buen gusto y talento; y sobre todo que trata al espectador con total respeto. Sigue poco el original de Conan Doyle (quien nunca escribió que Watson y Holmes se conocieran en la universidad) pero mantiene bien su espíritu. Nicholas Rowe interpreta al genial aspirante a detective y Alan Cox es un buen Watson.

Efectos especiales y niños mago

Young Sherlock Holmes despliega una serie de técnicas impresionantes para su tiempo, perfectamente integradas en su tono y que sirven para contar la historia. Aún hoy me estremezco con la célebre secuencia del caballero que surge de la cristalera de la iglesia, una filigrana en 3D que provocó a muchos un escalofrío en los cines que no se recordaba en varias décadas. De pronto, un ser creado, en parte, por ordenador, se integraba perfectamente en la imagen (¡si es que no se nota nada! ¡pónganse el Dvd!) y pasaba a la historia con mucha más fuerza expresiva que el primer morphing (transición por separado de un elemento del fotograma, transformándolo en otra cosa) que ya vimos en la flojísima Willow.

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Por otro lado tenemos el muy fascinante empleo que se ha dado en cine del stop-motion (animación de marionetas fotograma a fotograma) en una serie de secuencias realmente conseguidísimas, y llenas de ingenio, como en la que Watson, afectado por el veneno alucinógeno, presencia cómo varios pasteles cobran vida.

Finalmente sí que podemos advertir, a poco que tengamos un poco de olfato, los rasgos futuros del Harry Potter cinematográfico. ¿Acaso no recuerda poderosamente esa escuela, con su patio nevado, ese Watson con sus gafas, ese enemigo acérrimo del luminaria Holmes, a la exitosa serie inspirada en la pluma de J.K. Rowling? Yo, por lo menos, sentí una gran familiaridad con el primer Potter. Y a continuación descubro que el guionista de este extraordinario film de aventuras es Chris Columbus…director de Sorcerer’s stone y Chamber of secrets. Realmente no andaba tan desencaminado.

Agur!