Lo veníamos diciendo, que la película era favorita, que a casi todo el mundo le parecía una auténtica joya, y que realmente había muy pocas cintas, por no decir ninguna, que pudieran hacerle sombra. Mil años de oración, del cineasta Wayne Wang, se ha alzado con la concha de oro de éste festival, siempre a medio gas, donostierra.
Lo que ha sorprendido, quizá, es que Maribel Verdú no haya ganado la concha de plata a la mejor actriz. Sí lo ha hecho su compañera de reparto Blanca Portillo, en la película de Gracia Querejeta Siete mesas de billar francés, y nos preguntamos si habría algún problema en que ambas actrices, que lo protagonizan, pudieran quizá haberse llevado el premio ex-aequo…En fin. Henry O, también por el film de Wayne Wang, ha sido distinguido a su vez con la concha de plata al mejor actor.
El premio a mejor director, un tanto sorpresivamente, ha recaído en el director Nick Broomfield, por La batalla de haditha. Gracia Querejeta y John Sayles han compartido el premio al mejor guión por sus respectivas películas como directores. El premio especial del jurado, que puede ser considerado como una pequeña concha de oro, ha sido para Buda explotó por vergüenza, de la jovencísima iraní Hana Makhmalbaf.
Unos premios bastante justos, todos, y esperados, dentro de que la sección oficial, un año más, ha estado bastante huérfana de títulos impresionantes y que vayan a ser esperados con impaciencia por los cinéfilos. Quizá faltó la película de Susan Sarandon, pero poco más. Ésto ha sido todo desde la Zinemaldia.

