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De todos los géneros del cine, que a menudo, más que géneros no son más que penosas etiquetas en las que enmarcar un producto para su mejor venta y distribución, creo que el más desafortunado y el más maltratado de todos es el de la fantasía, o Fantasy. Es decir, toda película cuyo argumento contenga no sólo elementos absolutamente imposibles de encontrarse en el mundo real, sino también aquellos cuya mera estrategia narrativa, aunque narre un drama convencional, se adentra en las enigmáticas y jubilosas fronteras de la fantasía.

Una vez más deberíamos dejar claro que la fantasía no tiene nada que ver con la Sci-Fi (tal como establecimos aquí a lo largo de muchos post), no son géneros compatibles, sino directamente opuestos. Y se hacen muchas más películas de fantasía ahora mismo en cuanto a géneros, que de cualquier otro. Pero esta abrumadora cifra de cintas apenas logra traer películas interesantes y ésto creo yo que ocurre por varias razones sobre las que podemos hablar ahora mismo.

En primer lugar una reflexión estética sobre la que pienso muy a menudo. Por su pura especificidad como arte, tanto la literatura como el cine, dos disciplinas parejas en tantas cosas y que se retroalimentan constantemente con sus respectivas reglas, tienen una relación muy distinta con la Fantasy. La primera, creo yo, por su esencia de transmitir ideas directamente, por su larguísima existencia y total definición como arte; por ser, quizá, la forma narrativa más evolucionada, lo tiene fácil con respecto a la fantasía y sus subgéneros. Casi exige ser fantasía, pues lo realista en ella, aunque tenga numerosísimos ejemplos ilustres, parece querer liberarse y volar hacia terrenos donde nadie volaría.

Sin embargo el cine, del que no se ha explorado ni una décima parte de sus posibilidades, lo tiene más difícil. Aún no ha encontrado, creo yo, su completa especificidad, pero por su esencia de imagen y sonido, de plantear una realidad aparente y representada al mismo tiempo, porque el género más libre de todos es, paradójicamente, el documental; porque el cine opera con realidades, como decía Tarkovski, con lo que vemos cada día…casi exige ser realista, un drama existencial y apegado a la tierra. Pero no es la única razón.

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Ha habido muy pocos casos de directores completamente entregados a la fantasía. Y de ellos un escaso número de luminarias se han erigido como auténticos maestros, comparables a los del cine más prestigioso. Pienso ahora en Terence Fisher, John Carpenter, James Whale, Jean Cocteau, Jacques Tourneur, F.W. Murnau, Satoshi Khon, David Lynch, Hayao Miyazaki, George Lucas y muy pocos más…Gentes de cinematografías y sensibilidades y formación e intereses muy dispares y totalmente independientes unos de otros, tal como se espera de imaginaciones capaces de crear mundos coherentes cerrados en sí mismos. Y esto nos lleva a la tercera razón.

Existe la creencia de que por ser fantasía, las reglas no existen, y todo es posible, y la coherencia desaparece. Es en este resbaladizo género, precisamente, donde la coherencia tiene que ser más estricta, para que la existencia de trolls, hadas, poderes y demás es mucho más densa y compleja cuando hay reglas que no se rompen. El cine fantástico, además, no es cine infantil o para niños. Es tan serio, o más, y tan siniestro y violento como los demás. Por eso caramelitos tan poco dignos, aunque tengan sus puntos, como Labyrinth, Willow o algunas partes de Harry Potter, o Legend, nunca se inscribirán como gran cine.

Pero sí hay gran cine fantástico. Y hay obras maestras, como Bram Stoker’s Dracula o Harry Potter and the prisoner of Azkaban, o la prácticamente perfecta The Two towers, que demuestran que la Fantasy es mucho más que muñecos o edulcorantes para niños crecidos en la época de los videojuegos. Tienen tanta complejidad moral y profundidad filosófica como la saga de STAR WARS.

No hay nada de trivial o de evasión en la Fantasy si se hace bien. Más bien se encuentra la melancolía y la locura que producen un mundo inhumano, gris y despiadado. Como dice el personaje de Samuel L. Jackson en la maravillosa Unbreakable, esos mundos de fantasía están por alguna razón. Y quizá la anterior película del director, la magistral Fantasy The Sixth Sense, es la muestra perfecta de la tragedia en la fantasía, de la representación del dolor y la soledad y la oscuridad de personas reales en contextos fantásticos. Qué pena que haya tan pocas así.

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