
Richard Gere ha sido galardonado con el premio Donosti este domingo. Ha aparecido y ha provocado, sin exagerar, un verdadero torrente de emociones en los numerosos fans que le esperaban, los cuales han gritado y han luchado por conseguir un autógrafo o una foto con el envejecido protagonista de Oficial y caballero. En su discurso no ha perdido el tiempo para hablar de política (es un actor mediocre pero la verdad es que es un tío comprometido), y ha dicho sobre su pais:”…estábamos en el lado equivocado de esas guerras. Se utilizaban los impuestos para dar armamento y uniformes a los malos, para mantener el statu quo, crear un entorno legal para los escuadrones de la muerte”. Con dos cojones. Ya me cae mejor.
Paul Auster, presidente del jurado en esta edición, ha presentado su tercera película como director, tras colaborar en esas labores con Wayne Wang en Blue in the face, y de hacerlo solo en la misteriosa y arriesgada Lulu on the bridge. La vida privada de Martin Frost, que así se titula, no ha sido del agrado de casi nadie, pero el hecho es que la semana que viene él decidirá quién gana aquí. Curiosidades del festival.
También se ha recibido, de forma bastante indiferente, la nueva película de una de las directoras (sí…as, no es) que más me interesan del panorama español, Icíar Bollaín. Mataharis no ha sido, ni mucho menos, tan alabada como Te doy mis ojos, su escalofriante e inspiradísimo anterior film. Protagonizada por la buena cantante y pésima actriz (¿quién le dijo que se dedicara a ésto?) Nawja Nimri, Tristán Ulloa, María Vázquez y Nuria González, entre otros.
A Carlos Saura, por cierto, le han dado la Concha de Oro a toda su trayectoria, en plan gran maestro del cine. Y se merece una distinción este hombre, pues durante varias décadas ha demostrado una profesionalidad y una constancia que no conozco en el 99 % de los pintillas que dirigen cine español jóvenes. No ha gustado, siguiendo con las películas a concurso, demasiado el film de Manuel Poirier, La Maison, que vuelve a contar con Sergi López. Y sí ha gustado bastante Buda explotó por vergüenza, de la directora de diecinueve años iraní Hana Makhmalbaf.

