(Reeditado por problemas técnicos)

Acabo de salir - ahora mismo, lo prometo - de la cercana sala que proyecta el quinto largometraje (si no contamos su episodio para Four Rooms ni su magistral doble episodio para el CSI, el colosal Grave Danger) del ínclito Quentin Tarantino, quien es, desde hace varios años, y aún dura, la estrella de rock por antonomasia del mundo del cine; de modo que casi estoy reponiéndome de la hemorragia de puro cine, del ejercicio de abstracción absoluta, que propone Death Proof.

Las dos únicas secuencias de acción y tensión que vemos en ella son un ejemplo del cine de acción que ahora ya no se estila, como expuse ayer en Sonido!…Cámara!…Acción?. En ellas Tarantino les da mil vueltas al 95 % de los directores de acción vendidos a las normas de la industria del cine americana, al mismo tiempo que continúa con su obsesiva, convulsa y romántica búsqueda de la redención de material de serie Z (en ésta ocasión las películas de carreras de los 70), a las que él barniza y convierte en arte.

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¿La mejor película de Tarantino?

Desde luego, no creo que lo sea, porque quizá sí lo sea (y sin quizá) el Vol. 2. Pero nunca Tarantino ha rodado de una forma tan libre, tan alegre, tan jovial y tan agradecida. Creo que los que dicen que es un director post-moderno no saben de lo que hablan. No existe, ahora mismo, un director menos moderno, más enamorado del cine más artesanal. Tarantino rueda de manera absolutamente clásica y totalmente virtuosa ésta sencilla historia, que a los menos exigentes podrá parecerles, precisamente, un film poco exigente consigo mismo, pero a los cinéfilos con olfato y experiencia no les debe pasar desapercibida.

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Kurt Russell, en uno de los mejores papeles de su carrera (el hombre está realmente excelente), da vida a un personaje complejo y paradójico al mismo tiempo. Stuntman Mike es una criatura siniestra, grotesca y psicótica…pero patética, melancólica y misteriosa. El fascinante Mike vivirá dos historias muy distintas en este largometraje, y aunque ambas aventuras son prácticamente idénticas, Russell y Tarantino conseguirán que el viaje sea inesperado, sorprendente y sorpresivo, nunca lineal y predecible, de modo que el personaje forma parte de la ya extensa y estupenda galería de personajes tarantinianos, y en uno de los lugares preferentes.

En comparación a su presencia, y no monopoliza la película ni mucho menos, pues aparece poco, el resto del reparto no brilla tanto. No desvelaré el final, como es deseable, pero las numerosas (y muy atractivas, para que cuando sean trituradas duela más) chicas que aparecen, tienen muchas más líneas de diálogo que él, y muchos más planos. Quizá porque lo que hablan suelen ser trivialidades y groserías, desplegadas en los diálogos más elaborados del cine reciente. Una escritura de diálogos estilizada hasta una abstracción tal que asombra no sólo la frescura y vitalidad de éstos, sino la viveza y naturalidad de las actrices, que nunca parecen estar interpretando, por muy artificiales que sean sus caracterizaciones. Y es que la dirección de actores de Tarantino ha adquirido una destreza tal…que es perfecta.

Pura literatura

La riqueza de detalles, el mimo por cada elemento que sale en pantalla, la casi mitología que envuelve a cada personaje, hacen de Death Proof (un film tan cinematográfico) pura literatura. La densidad de su relato contrasta con la trivialidad de lo representado. Realmente, durante mucho tiempo, lo único que vemos es a varias muchachas hablando de su vida sexual, y de ligues, y de fiesta. Esto puede desagradar a muchos, e impedirles ver la vida que despide cada plano, cada corte, el sonido ambiente.

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Y no hay género en Death Proof. No es un film de horror, ni de acción. Es un film Tarantino, inetiquetable, absurdo, demencial y tenebroso. Es un pedazo de vida arrancado de tarantinolandia. Nunca aburrido, a veces frenético, como en los antológicos minutos finales, que pueden competir con las persecuciones más imponentes de todos los tiempos. Aquí el rollo Grindhouse de película gastada adquiere categoría artística, no como en la mamarrachada de Planet Terror.

Death Proof es ascética, sencillísima. De ahí nace su profunda, ilimitada energía. Apenas unos coches, carretera, algunos bares. Es falso cine de género norteamericano (del sub sub género) convertido en cine de autor europeo. Es amor por el cine. Es sensualidad, orgasmo, tensión insoportable. En ella todo tiene sentido, cualquiera de sus partes está en consonancia con su particular, alocado mundo. Y todo lo impregna el cine, o la cultura pop de Tarantino, o la necesidad de una aventura nunca antes visitada, aunque pueda parecer justo lo contrario antes de comenzar.

Es puro y arrebatado gozo sensorial.