He vuelto a ver Mar adentro, la multipremiada (incluso oscarizada) y tan alabadísima cuarta película de Alejandro Amenábar. Cuando se llevó el gran premio del jurado en el Festival de Venecia y la Copa Volpi a mejor actor, críticos, con los que poco o nada tengo en común, dijeron de ella que era magistral…emocionante…estremecedora…

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La primera vez que la ví me pareció que no entraba nunca en ella. La segunda me aburrí y casi me duermo. Ahora la he vuelto a ver. Y este tercer, y último lo prometo, visionado me ha provocado sentarme en la silla a escribir este post. No soy el único aunque está claro que somos pocos los que no nos dejamos engañar. Pero es que además he de decir algo muy claro, porque lo siento desde lo más profundo y lo pienso con total sinceridad: Mar adentro es abyecta. Sí, abyecta (según la rae: abyecto, ta. - Del lat. abiectus, part. pas. de abiicĕre, rebajar, envilecer. 1. adj. Despreciable, vil en extremo). Ahora, tranquilos, para todos aquellos que miran con lupa lo que escribo: voy a argumentar, pero no voy a tener piedad con una de las peores películas de que hay noticia.

Pero yo no soy como algunos bloggeros que hablan de cine sin saber, que no saben defender sus ideas o que no tienen argumentos, o que sólo saben decir palabras extremas tales como “esto es una basura” o “me ha parecido sublime”. Soy perfectamente capaz, porque tengo criterio y sé de lo que hablo, no como otros muchos (desgraciadamente: cómo me gustaría leer ataques o defensas bien escritas…), y aunque no se esté de acuerdo conmigo (lo cual no me importa, casi que mejor) puedo ofrecer mi punto de vista sin límites y sin prejuicios: Mar adentro está muy bien hecha desde un punto de vista visual y sonoro, Javier Bardem hace un buen trabajo (con matices) en su a mi parecer facilona caracterización como el trágico Ramón Sampedro, la fotografía es excelente (sin ser tan extraordinaria como algunos dicen, ya lo veremos), el reparto de gallegos está muy conseguido (dándole una muy necesaria autenticidad) aunque lo que hacen es de ellos mismos más que nada, Amenábar narra con eficacia y buen hacer y el guión tiene ocasionales destellos de astucia que podemos discutir.

Vosotros, amigos lectores, diréis: entonces, con todo eso que tú mismo estás diciendo, tiene que ser una buena película. Y la verdad es que no. Hay multitud de películas con parecidas o distintas pero igualmente bastantes bondades cuyo resultado es aparentemente satisfactorio…para miradas quizá más ingenuas que la mía. Prestadme un poco de atención y quizá logre explicarme como es debido. Ya he expuesto los que creo que son sus dones, y no creo que haya otros. A menudo hago análisis de películas que considero importante que la gente las mire mejor porque creo que son dignas, o estupendas, o maravillosas. Ya iba siendo hora de empezar a ponerse con películas que, independientemente de que muchos las alaben, a mí me parecen un insulto. Y esta es, sin duda, una de ellas.

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Mar adentro es abyecta: La responsabilidad de hacer películas