Si entre la primera y la segunda parte pasaron dos años, entre la segunda y la tercera los numerosos fans de John McClane (entre los que me encuentro sin ningún tipo de verguenza como muchos ya imaginarán) tuvimos que esperar 5 años. Mucho tiempo, tanto que parecía que no habría más partes.

Sin embargo llegó, después de varias intentonas fallidas y de muchas especulaciones sobre el argumento del nuevo film (el primero fue en un edificio, el segundo en un aeropuerto, ¿y el tercero? ¿qué puede superar esto?). Finalmente se desveló que el nuevo escenario, que había de superar en grandeza a los anteriores, sería la muy cinematográfica ciudad de New York, toda ella (y al parecer la decisión provocó una serie de interminables atascos para los ciudadanos…como no podía ser de otra manera), y el villano sería el prestigioso Jeremy Irons (que haría del hermano en la ficción de Hans Gruber, el villano interpretado por el gran Rickman en la primera). Pero ante todo y sobre todo volvía el artífice de la gran altura estética del primer film, el director John McTiernan, al que todos los seguidores de una acción brillante (alejada de memeces matrixadas o robertrodrigadas) tenemos en mucho aprecio.
McTiernan posee una cualidad que puede que a mucha gente se la traiga al pairo, pero que para cine de acción es crucial. Bueno dos. Primero, sabe narrar con la cámara, moviéndola con criterio, mostrando al espectador qué debe y qué no debe ver, pero todo en función de lo que el espectador necesita para pasárselo en grande. Y segundo, sabe perfectamente lo que hace con los actores, cosa que muchos directores no pueden decir que tengan en su currículum precisamente.

En mi opinión, con esta tercera parte, logran un film absolutamente soberbio, emocionante, divertidísimo y, lo que es más importante, ingenioso. Ingenioso. Es decir, que nunca sabes por dónde va a salir a pesar de que, seguro, los buenos ganan a los malos, y que nunca deja de sorprenderte y que te hace reír con ganas con la cantidad de chistes baratos y chascarrillos de la impagable pareja que forman Willis (magnífico, como si no fuera él, lleno de mierda, gordo…en plan autoparodia, una creación que a mí me parece excepcional…) y Jackson (que no le va a la zaga en su rol de tendero estresado).
La secuencia: ¡Impresionante tiroteo en el ascensor! ¡McClane contra cinco! Sergio Leone lo habría admirado.
El chiste: En su VO (totalmente recomendable) McClane cree que llaman Jesús a Jackson, pero en realidad dicen Hey Zeus! (suena Jesús..más o menos). Jackson se mosquea: “dijeron Hey Zeus! Padre de Apolo? Monte Olimpo? No me jodas o te meto un rayo por el culo? Zeus!”


La secuencia: ¡Impresionante tiroteo en el ascensor! ¡McClane contra cinco! Sergio Leone lo habría admirado.
Nunca entendi como se da cuenta q son malos al verle el reflejo de la placa. Cada vez q veo este peliculon me queda esa intriga
Cherman, se da cuenta porque es el número de placa de un compañero suyo que unas secuencias antes había dicho que siempre juega ese número en la lotería.
Lo mejor de la tercera parte: la dirección de McTiernan, el personaje de Samuel L. Jackson y la escena del taxi por el parque.
Saludos,
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