Como soy un fan arrebatado e irredento de Steven Spielberg, al que considero uno de los más grandes directores de todos los tiempos, pues cuando mete la pata hasta el fondo me quedo patidifuso, como diciendo “pero chaval, ¿a qué aspiras? ¿cómo se puede ser tan memo, siendo tan bueno?”, y cosas parecidas.

Me pasa con los innecesarios prólogo y epílogo de Saving Private Ryan, con las sosas (la segunda bastante mejor, pero sin pasarnos) aventuras jurásicas, con el coñazo insufrible de Hook (o cómo hacer aburrida una historia legendaria), con la bobada trivial (con algún punto que otro) de The terminal, pero sobre todo con los 15 minutos finales de War of the worlds, que podía, tenía, que haber sido una de las obras maestras de este hombre, pero cuya pésima conclusión te deja con la boca abierta, restregándote los ojos sin poder creerte lo que ves.

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Todo esto viene porque, hace pocos días, me dio por volver a ver el remake del film que Byron Haskin dirigió en 1953 con gran brillantez, aterrorizando al mundo con su invasión alienígena. A mi modo de ver, si alguien tenía que hacer un remake de aquel film, tenía que ser Spielberg, y así, de paso, establecer la estratosférica distancia que le separa de copistas y listillos, hábiles pero listillos, como Roland Emmerich.

De modo que puse el DVD y aluciné. A un primer acto sencillamente magistral le sigue un segundo inesperado, terrible, siniestro, imprevisible. Intenté verla con ojos inocentes, sin pensar en el director, ni en que ya sabía qué ocurría, y lo conseguí, y me di cuenta de que Spielberg es todo un maestro en la puesta en escena, en la tensión, en el suspense, sin perder nunca el control, preocupándose por los personajes. Esto no es un director acomodaticio. Las concesiones son las necesarias y poco más. La película es escasamente comercial: no hay héroes, ni grandes secuencias aventureras.

Los invasores nos machacan y la única posibilidad es huir. Punto final.

Y cuando estoy intentando olvidar la mala sensación que me dejó la película en el cine…cuando estoy disfrutando con el maravilloso arte narrativo de Spielberg…llega la conclusión. En el momento de mayor oscuridad, en el que la esperanza se ha ido para no volver…todo se termina con un happy ending absolutamente impostado, velocísimo, en una transición insostenible de la oscuridad más absoluta a la esperanza. La historia se acaba rapidísimo y todo acaba bien…y para colmo…

Si no la has visto no sigas…
…para colmo ¡el hijo sigue vivo! Vaya tomadura de pelo. Era absolutamente imposible que el hijo se salvara de aquella masacre, y ahí le tenemos. Spielberg se cree que eso lo necesita el espectador, y no lo necesita para nada.

Es más, se siente insultado.

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