(continuación y final)

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El director debe saber cómo estimular y hasta inspirar al actor. Sobra decir que debe saber cómo hacer que un actor actúe sin que parezca hacerlo. Cómo hacerlo o hacerla sentir a gusto, cómo llevarlo a ese estado de relajamiento en que sus facultades creativas se liberan.
El director de cine debe conocer el instrumento conocido como voz. Debe conocer también el modo en que modulamos el lenguaje. Y que no son lo mismo, que son tan diferentes como la resonancia y el fraseo. Debe conocer también los distintos acentos regionales de su país y lo que dicen acerca del carácter.

Considerándolo todo, debe saber lo suficiente en todas estas áreas como para que sus actores puedan confiar en él completamente. Esto a menudo se logra dando la impresión de que puede hacer cualquier trabajo que les pida, quizás aun mejor que ellos. Esto puede ser falso, pero no es una mala impresión la que se crea.

El director de cine obviamente debe estor al día en la psicología de la conducta, la “normal” y la anormal. Debe saber que están ligadas, que a menudo una es la extensión o intensificación de la otra y que baja ciertas presiones, que el director creará dentro de una escena al ser ésta actuada, se puede ver cómo un tipo de conducta se convierte en ha otra. Y eso es drama.
El director de cine debe estar preparado, por su conocimiento y preparación profesional, para manejar neuróticos. ¿Por qué? Porque la mayoría de los actores lo son. Quizá todos. Lo que lo hace doblemente interesante es que a menudo el director lo es. Stanley Kubrick jamás se sube a un avión —bueno, quizá ésta no es una conducta tan neurótica—. Pero todos estamos equilibrados de manera muy delicada ¿no es un modo agradable de decirlo?. Contéstenme esto: ¿cuánta gente interesante uno ha conocido que no sea neurótica —aunque sea un poco?

Obviamente trabajamos con la psicología del público. Sabemos que es diferente de la de cada miembro tomado individualmente. Al editar sus películas, grandes directores de comedias coma Hawks y Preston Sturges dan espacio a las reacciones grupales que esperan de su público, cuentan con ellas. Hitchcock hizo de eso su arte.

El director de cine debe estar versado en las artes eróticas. La experiencia personal es aquí la mejor guía. Pero hay también aquí una historia, una técnica artística. No se menosprecia a la pornografía. El director de cine debe admitir que tiene un interés natural en saber cómo lo hace la demás gente. Aburrimiento, crueldad, banalidad, son los únicos pecados. El director puede, por ejemplo, estudiar los grabados chinos o las escenas pintadas en los vasijas griegas de la Época Dorada y que los curadores de los museos esconden.

El director de cine debe desde luego ser una autoridad, hasta un experto, en las diferentes actitudes al hacer el amor, las posturas y el entrelazamiento de las partes del cuerpo, los partes expresivas y aquellas inconsciente para conseguir sus fines.

Un poeta de la cámara, capaz tanto de capturar el momento decisivo a lo Cartier Bresson, como de esperar todo el día, como Paul Strand, para hacer una solo toma con una voluminosa cámara fijada en un trípode.
Un jardinero de béisbol, por sus piernas. El director permanece de pie gran parte del día, no puede permitirse el cansarse, así que tiene piernas fuertes. Piensen y recuerden cómo se dramatizaban a sí mismos los viejos directores: con polainas hasta la rodilla, correcto.

La astucia de un comerciante en un bazar de Bagdad.

La firmeza de un entrenador de animales. Obviamente, de tigres.

Un gran anfitrión. A una señal suya aparecen buena comida y tragos que calienten el corazón.

La bondad de una madre al viejo estilo, que perdona todo.

La autoridad y la severidad de su esposo, el padre, que nada perdona, espero obediencia sin cuestionamientos, no soporta tonterías.
Ambos alternativamente.

El carácter engañoso de un ladrón de joyas- sin explicaciones, acepten mi pababra.

La zalamería de un agente de relaciones públicas, especialmente cuando el director se encuentra en una locación extraña y hostil, como muchas veces estuve.

Una piel muy dura.

Un alma muy sensitiva.

Simultáneamente.

La paciencia, la persistencia, la fortaleza de un santo, la apreciación del dolor, un gusto por el autosacrificio, todo sea por la causa.

Alegría, bromas, jugueteo, alternando con severidad, uno firmeza indoblegable.
Terquedad pura.

Un inquebrantable rechazo a obtener menos de lo que cree que puede obtener de una escena, de un actor, de un colaborador, de un miembro de su personal, de sí mismo.
La dirección, finalmente, es el ejercer nuestra voluntad sobre otra gente, disfrácese, désele un tono más gentil, pero ésa es la cruda verdad.

Sobre todo, valor. El valor, decía Winston Churchill, es la más grande de las virtudes; hace posibles a todas las demás.

Una última cosa. La capacidad de decir “estoy equivocado” o “estaba equivocado”. No es tan fácil como parece. Pero en ciertas ocasiones estas dos palabras, dichos honestamente, salvarán el día. Son las palabras que, muy a menudo, los actores, tratando de dar al director lo que quiere, están más necesitados de escuchar. Esas palabras: “estaba equivocado, vamos a intentarlo de otra manera”, la capacidad de decirlas, puede ser un salvavidas.
El director debe aceptar la culpa de todo. Si el guión es pésimo, él debió haber trabajado más con los escritores a consigo mismo antes de filmar. Si el actor falla, el director falló o se equivocó al escogerlo. Si el trabajo de cámara es pobre, ¿de quien fue la idea de contratar a ese fotógrafo? ¿O de escoger estas locaciones? Aun de un vestido ¿después de todo el director lo observó -. Los decorados. La música, aun los asistentes: si no los quiere, ¿por qué no les grita más fuerte? ¿EI director estaba ahí, no? ¡Sí, estaba ahí! ¡Siempre está ahí!

Es por eso que se lleva todo ese dinero, por estar ahí, sobre ese montículo, desprotegido, dejando que todos le disparen y desviando el fuego mortal dirigido a todos los demás que trabajan con el.

El resto de la gente que trabaja en una película puede esconderse.
Tiene al director para esconderse detrás suyo.
Y la gente niega la teoría del autor!
Después de escucharme tan pacientemente, tienen todo el derecho de preguntar: “vamos! ¿No está usted exagerando porque quiere demostrarnos algo?”
Sólo un poco exagerando.
El hecho es que un director, desde el momento en que una llamada en la mañana lo saca de la cama (“Hay lluvia hoy. ¿Que escena quiere filmar?”), hasta el momento en que se escabulle en la oscuridad luego de la filmación, enfrenta, solo, los problemas de los siguientes días, pues se le exige que resuelva una incesante cadena de cuestiones, para llamar decisión tras decisión en las áreas que listé. Eso es lo que es un director: el hombre con las respuestas.

Fuente - 68 revoluciones