Viendo que aunque yo me incorporé ayer mis compañeros de Extracine no han dicho nada al respecto, tendré que decirlo yo. Otros blogs de cine ni siquiera avisan de que el lunes (uno a la madrugada y otro a la tarde) nos dejaban estos dos grandes visionarios. Sí que anunciaban sus muertes por separado. Nosotros sólo hemos hablado de la desaparición del cineasta sueco Ingmar Bergman.

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No tendría mayor importancia la coincidencia sino se trataran de los dos últimos exponentes de la segunda generación del cine de autor europeo. Dos décadas nos separan de la prematura muerte del ruso Tarkovski, que ahora tendría sólo 75 años. El español Luis Buñuel era mucho mayor, y nos dejó en 1983. El francés iluminado Robert Bresson duró mucho más que ellos, 98 largos años, y nos dejó en 1999.

Sólo nos quedaban, de ese visionario e incomparable grupo de artistas que se conocían y admiraban mutuamente (sin estar tan unidos como los del Neo Hollywood, por supuesto), Bergman y Antonioni, y ambos se han ido el lunes 30 de julio. El primero con 89 años recién cumplidos. El segundo con 94.

En general lo que he leído en blogsdecine y prensa no especializada son reseñas burdas y perezosas sobre ambas figuras. Era esperable, ciertamente, teniendo en cuenta que son considerados (no sin bastante razón) dos directores densos y difícilmente accesibles para el gran público, crípticos, y abstractos. Quizá los dos directores crípticos por excelencia. Y pensando en el nivel tan zafio de la inmensa mayoría de los directores actuales, en la progresiva incultura de muchos aficionados de cine y en la poca preparación de la gran mayoría de analistas de cine actuales, no sé por qué me sorprende que esto ocurra.

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Supongo que la versión española y francesa de la Cahiers aprovecharán (deberían, pues es una ocasión inmejorable para hacerlo) para dedicarles un número especial en una despedida a la altura de las circunstancias, pues, no en vano, pocas veces en las últimas décadas el cine se ha podido considerar tanto un auténtico lenguaje estético, como en el arduo trabajo creador y la desesperada búsqueda formal de estos dos artistas superdotados.

Dos artistas, como digo, fuera de toda norma, imposibles de etiquetar o reducir a comentarios analíticos superficiales, cuya obra poliforme, extensa y casi ascética es un ejemplo de pasión por el cine. Ellos eran la auténtica vanguardia del cine, aunque su obra no fuera seguida a nivel mundial, y sus películas, a menudo pequeñas en apariencia, hacían avanzar varias décadas la narrativa cinematográfica, por muy aburridas o desconcertantes que pudieran parecerles a muchos.

Es ciertamente patético y muy sintomático el escaso seguimiento y la poca esforzada despedida (como con desgana, dejando claro lo poco que conocían su trabajo) que se les ha dedicado en famosos blogs de cine, así como la nula presencia en televisiones (de pago o no) de sus films, incluso en la semana de su muerte. Personalmente he estado chequeando docenas de cadenas con la esperanza de que se ofrecieran, a modo de homenaje, trabajos dirigidos por ellos. Búsqueda fracasada.

En cualquier caso animo, desde éste mi humilde rincón Extracinero, a que todos los amantes del cine de verdad que no conozcan, o acaso parcialmente, las obras de ambos genios del cine, les den una oportunidad y buceen (no hay otra expresión más exacta) en sus filmografías. Aprenderán que el cine es mucho más que entretenimiento comercial, por suerte.

Post Scriptum: cuando muera Francis Ford Coppola (ojalá que dentro de varias décadas) o Steven Spielberg, o James Cameron, o Zhang Yimou, igual tenemos suerte y alguien se acuerda de ellos para algo más que para palabras condescendientes y vacías.