Y explicación de por qué no pienso ver Caótica Ana

Dirán ustedes (y si lo dicen pensaré que no tienen razón, pero cada uno es muy libre) que debería ir a ver la película porque hasta entonces no podré decir si es buena o mala o qué pasa con ella…Pero es que yo no digo que la película vaya a ser mala o buena, digo que he visto los anteriores 6 largometrajes de Julio Medem y, como en el caso de Robert Rodríguez, me he prometido no malgastar más tiempo con material improductivo, ya que tengo muchos buenos libros que leer y que aún no me he leído y muchos directores que completar filmografías, y muchas cosas que seguro, aunque no todo resulten todas satisfactorias, merecerá la pena emplear mi (poco) tiempo libre a estudiarlas y disfrutarlas.
Insisto, puede que cometa un error, y las aventuras de Ana, nueva heroína (bastante atractiva eso sí) de Médem, sean apasionantes y maravillosas (tengo mis dudas, pero nunca se sabe), yo sólo voy a repasar la filmografía de Médem para explicar el por qué de mi negativa a verla.

Empezó inmejorablemente con la estimulante, sorprendente y ciertamente muy bella Vacas, film muy sencillo pero de gran fuerza plástica y expresiva, un logro estético que no buscaba los simbolismos ni las falsedades psicológicas y hermenéuticas a las que nos acostumbraría después. Nadie lo sabía entonces, pero Médem debía haber hecho sólo esa película.
Se llevó innumerables premios en muchos festivales de todo el mundo, consagrando al nuevo director como un artista superdotado. Pero, ay, la fama es peligrosa, y si se te suben a la cabeza ínfulas de artista superdotado, pierdes pie, te olvidas de tus propias limitaciones y comienzas a dar muestras de que los genios son seres elegidos muy alejados de tí. Así pasó con la infumable La ardilla roja, especie de thriller fantástico con el que muchos de los que habían alabado Vacas se quedaron patidifusos ante su total absurdo de puesta en escena, de historia, de dirección de actores…Sorprende mucho que se llevara el Premio de la Juventud en Cannes…

Siguiendo en su línea de primar una búsqueda de la representación formal más abigarrada para dar impresión de gran poder visual (nadie se lo niega, aunque no posee tanta fuerza visual como él cree) que enmascare una historia pobre de contenidos y de coherencia, filma Tierra, que de nuevo tiene cosas interesantes, pero que es la muestra definitiva de que es más un creador de imágenes impactantes que un contador de historias. Escasísima fuerza dramática, toneladas de autocomplacencia, grupito de seguidores (curiosamente siempre ‘progres’) que le consideran un artista, mientras gente con más criterio (…yo mismo) sabemos por fin que no es más que un modernete con algo de imaginación.
(continúa en 2/3)

