(continuación)

El oficio de la dramaturgia cinematográfica. Todo director, aun en esos raros casos en que no trabaja con uno o dos escritores — Fellini trabaja con un escuadrón— debe hacerse responsable del guión. No sólo tiene que decidir qué se tiene que reescribir, sino eliminar aquello que es innecesario, prever errores, apreciar posibilidades no verbales, asegurarse de que la estructura sea la correcta, tener un sentido del tiempo en pantalla, cuánto transcurrirá, en qué lugares, para qué fines.

Las palabras de Robert Frost: “Di todo un poco más rápido”, se aplican a todas las partes expositivas. En las partes cinemáticas el tiempo irrealisticamente se alarga, “Se estrecha”, normalmente por close ups.

00427.jpg

El director cinematográfico sabe que bajo la superficie de su guión hay un subtexto, un calendario de intenciones y sentimientos y sucesos interiores. Aquello que parece estar ocurriendo — pronto lo aprende — raramente es aquello que está ocurriendo. Este subtexto es una de las herramientas más valiosas del director. Es aquello que dirige. Uno raramente ve a un director veterano dirigir con un guión. O siquiera mirarlo. Los principiantes lo hacen. El objetivo de la mayoría de los directores de hoy es escribir sus propios guiones. Pero ésa es nuestra más vieja tradición. Chaplin escuchaba que el parque Griffith habla sido inundado par una fuerte lluvia. Metía a sus técnicos y a sus actores secundarios y a su equipo en algunos coches, se apresuraba hacia allá, haciendo en el viaje la historia de la comedia de dos rollos de duración, dejando los detalles para el lugar mismo.

El director de cine debe conocer tanto la comedia como el drama. John Ford solía llamar “cómics” a la mayoría de los papeles. Se trataba, supongo, de un modo de mirar la gente sin falsos sentimientos, a través de una objetividad que desinflara los falsos gestos heroicos y socava el autofavoritismo y finalmente revelase un humor salvador en los momentos más tensos. La Comedia Humana, otro francés la llamó. El hecho de que Billy Wilder sea siempre divertido, no hace menos serias a sus películas.

Para decirlo de manera sencilla, el director debe saber, por su entrenamiento profesional o por instinto, cómo alimentar una broma y cómo fustigar con ella, cómo proteger y cómo anticiparse a las risas. Bien puede estudiar a Chaplin y a los grandes creadores de comedias de dos rollos en lo referente a lo que se llama bromas visuales, risas no verbales, diversión derivada del “negocio”, proezas físicas y movimientos, y simplemente por hacer caras chistosas y tener cuerpos extraños. Estos cimientos vulgares —la cáscara de plátano y el pastelazo — son básicos para nuestra profesión y contribuyen a su salud. Wyler y Stevens comenzaron haciendo comedias de dos rollos, y creo recordar que Capra lo hizo también.

Los directores estadounidenses harían bien en conocer nuestras tradiciones vodevilescas. Así como Fellini adoraba los payasos, los artistas de la revista musical y los circos de su país, y una y otra vez les rindió homenaje en su obra, nuestros directores, harían bien en conocer la magia. Creo que algunos de los cortes maravillosos que ocurren en El ciudadano Kane provienen del hecho que Welles era un mago practicante y entendía así el drama de las apariciones súbitas e inesperadas y el sorprendente cambio producido. Piénsese también en Bergman, en qué tan a menudo utiliza magos y prestidigitación.

El director debe conocer la Opera, sus efectos y sus absurdos, un tema en el que Bernardo Bertolucci se educó. El director debe conocer la revista musical estadounidense y su tradición, pero es aun más importante que conozca el gran cine musical estadounidense. No debe despreciar estos películas; las amamos por muy buenos razones.

El director debe conocer la acrobacia, el arte de los malabares y las volteretas, el arte de las canciones irónicas. Me parece que las técnicos de la Comedi dell’ Arte son utilizadas en una película Ilamada Un hombre de suerte (Anderson, 1973). El maestro de Lindsay Anderson, Bertolt Brecht, adoraba el cabaret satírico berlinés de su tiempo y adaptó sus técnicas.