Qué curiosa resulta hoy día Jesucristo Superstar, adaptación del original homónimo que fue todo un fenómeno cultural en los teatros en 1970. La música fue reproducida para la película, como no podía ser menos, en esta ópera rock, y tuvo mucho más éxito que el film.

Viendo esta overture, parece claro que hay un contraste brutal entre la imagen y el sonido. Mientras que la música es un claro exponente del talentazo sin equivalentes de Andrew Lloyd Webber, la imagen a la que arropan sus notas queda casi muerta, sin vida muchas veces. En el mejor de los casos, de un tono naif insoportable.

Sin embargo, hay algo hermoso y generoso en esta película prematuramente anciana, que no ha sabido mantenerse joven a lo largo de los años…y es que ya nació vieja.