Recién estrenada la un tanto decepcionante quinta parte de las aventuras del niño mago más famoso del mundo, podríamos reflexionar del por qué de este retroceso estético después de una magistral tercera parte y de una notable cuarta.

Tanto El prisionero de Azkabán como El cáliz de fuego sorprendieron mucho e insuflaron vida a una saga que parecía destinada a la más aplastante mediocridad. El director de las dos primeras partes, Chris Columbus, si bien no ha sido nunca ningún portento, tampoco es un negado. Creador de algunos grandiosos éxitos de taquilla, su procedencia británica no ha impedido que se instale en la industria americana y que goce de cierto poder.

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Así fue. Cuando la ínclita J.K. Rowling anunció que no dirigirían las películas directores no británicos, Columbus se hizo con la silla del jefe y urdió un habilidoso y totalmente hueco primer título, al que siguió un soporífero segundo (aunque sensiblemente más siniestro y con algunos momentos interesantes). Decidido a no continuar en esa silla más tiempo, Columbus, por su parte, anunció que se auto relegaba a labores de producción.

La razón, a mi entender, del nuevo curso de la saga, la establece el mexicano Alfonso Cuarón, elegido a dedo por la escritora, absoluto profano en las novelas. Donde dije digo digo Diego. Bien. Parece claro que el éxito de las dos siguientes partes es, en gran medida, porque las dirigieron directores de verdad. Mike Newell, responsable de la cuarta, es un director de fuste (así lo demostró en Four weddings and a funeral y Donnie Brasco). Viendo los buenos, y contundentes, resultados…¿Por qué se ha vuelto a confiar en un director británico, esta vez sin experiencia, salvo en televisión, como lo es David Yates? y, peor aún ¿por qué va a dirigir también la sexta, cuando es visible que carece de todo ímpetu narrativo, que es más televisivo que Mr. Bean?

Así las cosas, no es nuevo esto de que una serie de éxito se diluya debido a que los que ponen la pela quieran controlarlo todo, poniendo a un títere en la dirección, en lugar de a un hombre de cine que sepa hacer las cosas a su manera, y sobre todo que esté a la altura de un espectáculo audiovisual se supone de primer orden de Hollywood. Todavía nos queda la séptima y última aventura. Hace un tiempo se rumoreó que Cuarón estaría encantado de poder hacerla… ¿Existirán aún los milagros?