Cuando los dos primeros títulos de una de las sagas más rentables de todos los tiempos, dirigidos ambos por el sólido pero impersonal Chris Columbus (después de que Spielberg intentara un proyecto con Haley Joel Osment como Harry…), y coincidentes en el tiempo con las dos primeras de la trilogía de Peter Jackson sobre la obra magna de Tolkien, se estrenaron parecía que esta serie no iba a aportar nada en especial.

Después llegó Harry Potter y el prisionero de Azkabán, la mejor de las novelas hasta entonces y una obra maestra de Alfonso Cuarón en el cine. De pronto la saga era otra cosa. Poseía una densidad estética y humana muy potente. Parecía que era posible construir un nuevo icono cinematográfico. Cuando la cuarta parte, la estupenda Harry Potter y el cáliz de fuego, ya no dirigida por el gran Cuarón sino por el muy competente Mike Newell, llegó, disfrutamos a tope con un guión magnífico y un ritmazo impresionante, que entroncaban estupendamente con el prodigioso trabajo de Cuarón.

Ambas, tercera y cuarta, daba otro aire a la saga. Estilo Hollywood, sí, pero con enjundia. Acaba de llegar la quinta…bien, pero, trivial.

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Algo no acaba de funcionar. Para entendernos: es un producto perfectamente calculado, divierte muchísimo, los más fans de la saga no saldrán decepcionadosen absoluto y continúa dignamente con la tradición de la saga. Pero…no acaba de encontrar un ritmo ni un tono, los tres personajes principales (Harry, Ron y Hermione, claro está) están bastante desdibujados, falta…chispa.

Falta oscuridad. Yo me esperaba mucha más. Parece que titubea a la hora de decidir qué diantres te está contando, a la hora de coger el toro por los cuernos. Está endiabladamente bien hecha, divierte y crea tensión, pero sabe a muy poco.

Lo mejor son, sin duda, los personajes más oscuros, ambiguos o grotescos. Pienso en el que más me gusta, Voldemort (gótico, maravilloso, demencial Ralph Fiennes…¡qué gran casting!), en el claroscuro Snape (estupendo, como siempre, Alan Rickman, qué gran actor), la odiosa Dolores Umbridge (interpretada con genio por la sinpar Imelda Staunton), o el simpático Filch (un David Bradley barroco e impagable). Pero todo suena a trivial, a poco peso. El personaje de Sirius Black está maravillosamente construido por Gary Oldman, pero todo lo que significa para Harry, por ejemplo, está poco desarrollado…

Una pena. me quedo con el brutal combate final, que deja literalmente con la boca abierta, y con algunas sorpresas del pasado de los Potter que me gustaron mucho. Una lástima que se quede sólo en eso.