En los años 40 Ford no hace más que obra maestra tras obra maestra. Comienza con la insuperable Las uvas de la ira, de la que dábamos cuenta ayer, y que estrenaba en marzo de 1940, y continúa en noviembre de ese mismo año con The long voyage home, un intenso y conmocionador relato con la guerra de fondo. Ahora que lo pienso, todas las películas de John Ford son El largo viaje a casa…

Adaptación de la pieza teatral del gran Eugene O’Neill, este film es casi un gran homenaje al espíritu creador del dramaturgo neoyorquino. Pero también es una película tan fordiana como la que más, con el ya clásico grupo de hombres encerrado y compartiendo una serie de avatares con los que desarrollarán lo mejor y lo peor de sí mismos hacia los demás.
Segunda colaboración con un Wayne pletórico y segunda película consecutiva con el grandioso operador Gregg Toland, quien al término de esta película se marchaba a hacer historia de su oficio con la fotografía (y bastante más…) de la que es considerada (no por mí) como la mejor película de todos los tiempos. Hablamos de Citizen Kane.
Lágrimas aseguradas en este drama sin concesiones a bordo del carguero Glencairn. Háganse con ella, se la recomiendo de corazón.

