Como sucede demasiado a menudo, grandes películas de aventuras pasan más o menos de puntillas por la cartelera hasta que la gente comienza a recordarlas y a percatarse de que están ahí y de que quizá merecieron más atención. En el año 2000 Jonathan Mostow dirigía su tercera película, tras un film independiente y la más que interesante Breakdown, que era una muy digna película de suspense (lástima que luego se metiese en la bochornosa Terminator 3: Rise of the machines…y es posible que haga la cuarta).

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Mostow, como digo, rozó la maestría con U-571, un impresionante film bélico con aroma de gran clásico y con un ritmazo que hay que verlo para creerlo. Una de esas películas de Hollywood que demuestran que cuando quieran (y no quieren mucho, por desgracia) pueden volver a ofrecer títulos como los de antes. De esos de género que se recuerdan durante décadas por su historia, su reparto, la forma en que te atrapa desde el primer hasta el último minuto.

Basada en una historia real, U-571 cuenta la historia de una misión de recuperación de un submarino alemán por parte de los norteamericanos, pues en él se transporta una caja descifradora de códigos. Por supuesto, todo saldrá mal, y el director, narrando a lo grande (a lo Hawks, a lo Walsh, a lo Spielberg), nos lo hará pasar canutas con el valiente grupo de hombres cuya vida penderá literalmente de un hilo hasta la mismísima conclusión, en un crescendo admirable que desemboca en un clímax inolvidable por su acción, su tensión, su espectacularidad…sin perder nunca el control, resultando absolutamente creíble, haciéndonos desear más.

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Matthew McConaughey, un actor que prometía mucho pero que se ha estancado hasta perder toda personalidad e interés, ofrece sin lugar a dudas su mejor interpretación. Sin exagerar, a ratos parece que estamos viendo a un Paul Newman (actor mítico al que dicen que se parece…), o a cualquier actor de carácter del Hollywood clásico. Él es el protagonista total del film, dando vida a un segundo oficial (que por necesidad carga con el peso del submarino alemán) lleno de dudas y de sentimientos encontrados, pero inteligente, sensible y muy humano. No está solo el guaperas, tiene a su lado a gente tan estupenda como Harvey Keitel, Bill Paxton, Thomas Kretchsman, Jake Weber…

Por supuesto, una de sus claves es un guión magnífico (algo bastante raro hoy día), perfectamente construido y nunca predecible. Y lo bien hecha que está, con una fotografía espléndida de Oliver Wood (de la saga Bourne), que se inspira en films bélicos como Los cañones de Navarone y El puente sobre el río Kwai y un montaje ejemplar de Wayne Wahrman (que hizo maravillas ya con En busca de Bobby Fisher…).

Muy recomendable para todos los amantes del cine.

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