Mierzwiak! Please let me keep this memory, just this one - Joel Barish

El responsable, la visión, el director

Se suele hablar mucho del guión del singular Charlie Kaufman, que es, ciertamente, un guión tan brillante como se suele decir, como lo más fundamental para el éxito de esta película. Yo no estoy de acuerdo. Creo que lo más importante es, por este orden, la visión del director, Michel Gondry, la entrega de sus actores, todos sin excepción, y el guión de Gondry. No vamos a entrar ahora en la vieja polémica de que lo más importante es el guión. Es capital, por supuesto. Pero este puede ser, fácilmente, uno de los guiones más difíciles de leer que se han visto por ahí, y es meritazo de Gondry (que vale, es autor también de la historia, pero no del libreto), el haber leído el guión y haberlo entendido todo tan bien y haberse hecho dueño de él.

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Gondry, curtido en muchos vídeos musicales, y en multitud de comerciales y trabajos menores, es un francés afincado en Estados Unidos que, a los 40 años, en su segundo largo, ha conseguido lo que muchos directores de talento esperan hacer a los 50 o 60. Esto es: filmar una película imperecedera. Probablemente ni siquiera se lo planteara. Es decir, él sabía que estaba filmando algo muy emocionante, pero es poco probable que supiera que lo conseguido era una de las cimas del arte de los inicios del siglo XXI, y, por extensión, de muchas décadas de cine irregular.

Con una puesta en escena nunca enrevesada, sino absolutamente clásica, aunque de un ingenio arrollador y con una mirada absolutamente única, el director nos narra una historia con tanta y tan pudorosa sencillez, con tanta y tan espeluznante humanidad, que hay que verlo para creerlo. Dudo mucho que el trabajo posterior del cineasta se acerque siquiera a esto, aunque supongo que lo intentará.

El autor del origen

No creo que haya ahora otro guionista, salvo quizá Alan Ball o Ronald Harwood (entre otros, muy pocos), que puedan tener el prestigio de Charlie Kaufman, uno de esos raros guionistas puros cuyo talento y personalidad impregnan cada obra de la que forman parte, y desde luego la película que nos ocupa es el más claro exponente.

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Estaríamos varias horas (de hecho ya las hemos estado, desgranando la película secuencia a secuencia, prácticamente) para observar la extraordinaria habilidad conque Kaufman hila un guión con miles de posibilidades, sin dejar nada al azar, donde todas las ideas de la historia tienen un fundamento y donde los personajes cobran vida al ser encarnados por actores (no como en la mayoría de los guiones, donde es difícil que el actor pueda sentirse a gusto).

Dicen que en la actualidad prepara su debut como director (Synecdoche, New York). Era esperable, pero los grandes guionistas que dirigen por inercia no terminan siendo buenos directores generalmente. Ya veremos cómo le queda.

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Termina en Eternal sunshine of the spotless mind, X