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Es tremendamente difícil hablar sobre una obra maestra del arte.

Apenas 3 años desde que vio la luz, Eternal sunshine of the spotless mind comienza a convertirse en una de las películas de culto de la década. De momento hay pocos estudios sobre ella. Éste puede ser fácilmente uno de los primeros. No es intención del autor de estas líneas establecer un hito, sí de estar a la altura del prodigio.

Confieso que estoy dudando mucho de cómo abordar el ataque sobre ella, pues se trata de una obra tan densa y multifacética que se resiste a un análisis formal típico. Lo mejor será lanzarse. Detesto las alabanzas exageradas, los comentarios que no hacen más que sumar palabras grandilocuentes, así que supongo que las siguientes líneas tendrán que ser reescritas una y otra vez a conciencia…

De vez en cuando, arte

Muy de vez en cuando, en cine nos encontramos con obras de arte. Hay que bucear en la obra enigmática de Ingmar Bergman, de Dreyer, de Tarkovski, de Lubitsch, de Lang. Cada demasiado tiempo, el cine es arte con mayúsculas: eterno, iluminador, puro, ingenioso.

Pienso en El padrino II, The Shawshank redemption, The searchers, El espíritu de la colmena…Y en Eternal Sunshine of the spotless mind.

Hay obras de arte que provocan una indescriptible conmoción emocional, casi espiritual. Que cada vez que las ves descubres algo nuevo. En presencia de obras de arte así, se experimenta un sentimiento profundo, purificador. Uno toma conciencia de lo mejor de sí mismo.

Estas obras de arte destacan por encima de otras obras de gran calidad (ni qué decir de la gran masa de obras mediocres) en cuanto arranca la narración. Se percibe en la armonía de sus elementos, de todo lo que conforma el plano, la secuencia, la trama, los personajes. Tal cosa sucede aquí desde el primer momento.

Estas obras de arte son ambiciosas de tapadillo. Su apariencia es de humildad total. Son ingeniosas en silencio. Su percepción es de sencillez abrumadora. La humanidad contenida, encerrada y luego liberada, la profunda y terrible comprensión de la dignidad y la mezquindad de los personajes que describe. La inagotable sugerencia de sus ideas y formas estéticas.

Todo esto, y mucho más, es Eternal sunshine of the spotless mind, dirigida por Michel Gondry en 2004, escrita por Charlie Kaufman (sobre una historia suya, de Gondry y de Pierre Bismuth), e interpretada por Jim Carrey, Kate Winslet, Elijah Wood, Mark Ruffalo, Kirsten Dunst y Tom Wilkinson en los papeles principales. Hablaremos sobre ella en los próximos días.

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Continúa en Eternal Sunshine of the spotless mind II