Ganadora del último Festival de Málaga (con 4 premios, nada menos) la ópera prima de uno de los cortometrajistas más premiados de España llega por fin a las salas.

Y el resultado, sino de gran altura, es convincente, sorprendente y fuera de toda norma. Le falta algo a este Bajo las estrellas, pero tiene argumentos para defenderse.
El más importante, diría yo, Alberto San Juan, quizá en el mejor papel (el más amargo, el más complejo - aunque sin pasarse - y el más difícil de lo que lleva de su irregular carrera). Está presente en un 97 % de película, y aunque su presencia al final resulta excesiva y acaba cansando, él, y su entrañable trompetista fracasado, son el alma de una película. Se ha llevado el premio en Málaga, y aunque no conozco al resto de concursantes, es loable el esfuerzo que hace al soportar todo el peso de un relato tan alambicado.
Tiene instinto el director, Viscarret, para desarrollar una puesta en escena hábil y un tanto amanerada, que logre encontrar las esquinas de unos personajes marginales y atrapados en una vida poco satisfactoria. Es verdad que no siempre lo consigue, pues en algunas secuencias su estrategia narrativa huele a cálculo y a trucos de director con olfato, pero en ocasiones sí se percibe que su cámara da con momentos llenos de vida, en los que sus actores son capaces de dar lo mejor de sí mismos.
Puede que todo adolezca de escaso vuelo poético, por culpa de un guión enmarañado, obtuso y falto de inspiración, pero el resultado final deja un sabor de boca que, si bien pide algo más, está bastante saciado.

