Primera certeza: Ridley Scott es uno de los cineastas más conocidos y seguidos de la actualidad. Segunda certeza: tal grado de celebridad o de renombre aleja bastante al espectador del verdadero alcance de la obra de un director en ocasiones brillante, pero pocas veces cabal.

Curtido en miles de spots televisivos, Scott proviene de una familia adinerada de Inglaterra, y era sumamente rico antes de rodar el primer plano de su vida. Esto se percibe en su carrera, más orientada a complacer a un público poco exigente y a crear productos de entretenimiento, que a la construcción de una obra sólida y cerrada en sí misma.

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Lo paradójico es que, cuando intenta crear obras de repercusión comercial (bastante potables) no suele llevarse un duro, y si se lo lleva las críticas son negativas. Pero cuando intenta hacerse el autor, suele fracasar. Y es cierto que en los primeros compases de su carrera, asombró no tanto por lo impresionante de sus historias como por lo epatante de sus imágenes: una forma de hacer cine que pocas veces se había visto, con una fotografía extraordinaria. Y es que Scott otra cosa quizá no, pero en cuestiones de luces, escenografía y demás, es de lo mejorcito.

Algo tiene haber sacado de haber dirigido ¡más de dos mil comerciales!. Sin embargo, como enseguida veremos, cuando carece de un guión sólido, carece también de toda personalidad y temperamento artísticos, para llevar a buen puerto una obra. Y es que me temo que lo que podría haber sido un buen director, o incluso un gran director, se ha diluido triste y patéticamente en un señor de gran prestigio cuyo mayor talento es la construcción de atmósferas.

No quiero ni pensar lo que hubiera sido de su mal ganado prestigio si no hubiese hecho Alien o Blade Runner, sus dos películas más famosas. Son las que todos sus admiradores nombran en primer lugar, para colocarle en el mismo status que Coppola, Scorsese, Eastwood y demás. Dicen que son dos películas fundamentales, y en cierto modo es verdad. Y que se reconoce a un gran autor detrás de ellas, y eso ya me parece un poco más discutible.

Antes de estas dos buenas películas hizo The duellists, un interesantísimo film histórico donde daba buena muestra de su habilidad en los ambientes y que ya anticipaba mucho de su ilimitado ego (y eso siendo su ópera prima) y de su impersonalidad, pese a una gran habilidad de narrador.

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Y le tocó la china. Un proyecto que pasó por las manos incluso de Spielberg o De Palma, que rechazaron, y que le fue ofrecido en bandeja (su agente debía ser el mejor pagado del mundo, y se lo merecería, con proyectos como este). Alien es, sin lugar a dudas, su mejor película. La más sólida, la más humilde, la más impresionante. La que cuenta con mejor dirección de actores y una puesta en escena más depurada y más efectiva. La que tiene un diseño de producción que ayuda a contar la historia. Aquí vemos a un director de verdad, plenamente visual, narrativo, cinematográfico, que sabe dar tensión, quitarla, darla, quitarla, hacer trizas los nervios del espectador. En definitiva, una magnífica película de suspense que auguraba una gran carrera, en cuyo diseño fueron capitales los lápices de Moebius y Giger, entre otros…

Y se lanzó con la ambiciosa, brillante y sobrevalorada Blade Runner, que para algunos (no para mí) está entre lo mejorcito de todos los tiempos. Un gran guión, eso sí, de David Webb Peoples y Hampton Fancher, y un diseño de producción que ha influido mucho en el cine posterior de ficción científica (ya superado, para mí, por el de El ataque de los clones…). Sin embargo, es un film que, dentro de una calidad incuestionable, deja entrever una autocomplacencia un tanto irritante, y una búsqueda de lo poético dentro de un mundo oscuro, bastante forzado. Fue un fracaso comprensible en taquilla y una película de culto creciente.

A partir de ahí la carrera de Scott oscilaría entre los aciertos esporádicos y los fallos y fracasos comerciales abundantes. Ni Legend (una mediocre cinta de fantasía, con un horrible Tom Cruise y una historia muy endeble…eso sí, con un diseño muy interesante, cómo no…), ni Someone to watch over me (un más que digno thriller que pasó desapercibido) contribuyeron a nada, pero había hecho Alien, ¿no? Comprendió que lo suyo no era el cine de autor e hizo la muy digna Black Rain, para tener un éxito de taquilla por fin. La película es totalmente impersonal, y podía haberla dirigido cualquier otro, pero él narró con su habilidad habitual y convenció. Después cayó en sus manos uno de los mejores guiones de los 90, y, cosa curiosa, no falló.

Thelma & Louise es lo mejor desde Alien en su carrera. Oscar al mejor guión original. Un melodrama que nada tiene que ver, ni en lo formal, ni en el contenido, con el resto de su obra, lo que confirma que de autor no tiene nada. Pero es un buen director, y con un buen guión, o mejor, con un magnífico guión, hace una magnífica película.

A partir de ahí, los 90 fueron un desierto para él. Totalmente desorientado, hace la mediocre 1492, que no convenció a nadie a pesar de una reconstrucción histórica interesante de nuevo, y las espantosas White squall (¿qué hace Jeff Bridges aquí?) y G.I. Jane. Cuando parece que la gente empieza a convencerse de que está totalmente sobrevalorado, realiza Gladiator, que es el mayor éxito económico de su carrera. Lo cierto es que es un film trepidante y vistoso, y una vez más tiene una gran reconstrucción histórica, pero a medida que pasa el tiempo se va viendo lo previsible, comercial, antipersonal, manido, de una historia que no aporta nada al género salvo una limpieza de cara, una revisión técnica. El film gana el Oscar a mejor película (por encima de la muy superior Traffic) y Scott recupera parte del perdido prestigio…

Antes de estrenar aquella comienza la muy notable Hannibal, la secuela de El silencio de los corderos, inferior a aquella obra maestra, pero que es lo mejor que ha dirigido su director desde Thelma & Louise o incluso desde Alien. Malas críticas y mucho dinero ganado, pero lo cierto es que Hannibal es una notable creación de buen horror, que debiera haber aportado al prestigio de Scott.

Desde entonces, nueva caída en la autocomplacencia, la desorientación, la banalidad más absoluta, con los films Black Hawk Down (pobre, mediocre, burdo intento de emular a Kubrick o Spielberg en el bélico), Matchstick Men (torpe comedia, como si de un artesano-autor se tratase, pero sin ingenio ninguno), Kingdom of heaven (penoso intento por continuar la línea historicista de 1492 o Gladiator) y A good year (trivial y olvidable comedia para pasar el rato con sus amigos cerca de su casa).

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Fue superado en su mejor película por el sinpar James Cameron, un director de verdad, con su excepcional obra maestra Aliens. Y en cuanto a su sentido genial de la estética, David Fincher (otro esteta genial) une a eso mucho más criterio y definición a la hora de realizar sus proyectos. Scott da la impresión, repasando su obra, que vale para un roto y para un descosido. Que su caso es parecido, o mejor dicho, es el mismo, que el de Kubrick: un enfant terrible que vive de un par de grandes títulos y cuya carrera se basa más en exagerar su estilo para dar la apariencia de categoría.

Su gran obra: Alien

Notables películas: Thema & Louise, Hannibal, Blade Runner

Dignas películas: Someone to watch over me, The duellists, Black rain, Gladiator

Mediocres películas: 1492, A good year, Black Hawk Down, Kingdom of heaven, Matchstick Men

Malas películas: Legend, Gi Jane, White Squall