Para que luego digan que ser actor, y peor, ser actriz, es todo un camino de rosas. Puedes ser guapo y buen actor e inteligente, y tener una carrera llena de altibajos, incluso algún gran éxito, y que luego nadie se acuerde de tí y no hagas nada más interesante.

Ese parece ser el caso de Joan Chen. Además de El último emperador (9 Oscars) hizo también Twin Peaks (uno de los mayores éxitos en la historia de la tele), y ahora nadie se acuerda de ella (dirigió, además, Otoño en Nueva York, una cinta mediocre, ciertamente). Chen poseía una belleza inalcanzable, como de cuento, y tenía talento como actriz, pero se ha quedado en muy poco. Niñas y jóvenes, si queréis ser actrices, pensadlo mejor.

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