No soy de los que creen que Juanma Bajo Ulloa (Vitoria, 1967) sea un genio incomprendido del cine español. Sí pienso que es un director singular, que en Alas de mariposa (Concha de oro en el Festival de Cine de San Sebastián de 1991), y en La madre muerta (1993) demostró una personalidad y una mirada a la par inquietantes, poderosas y fuera de toda norma.

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Es un realizador superdotado, de esos que con la cámara hacen lo que les da la gana, y eso es todo lo que hace en la pésima Airbag (1996), porque respecto a dirigir actores, contar una historia medianamente interesante o establecer un tono, o simplemente narrar al margen de virguerías técnicas, parece que se le olvidó de repente. Fue un tremendo éxito de taquilla, pero demuestra que para hacer cine desmadrado a lo Tarantino o a la Coen hace falta muchísimo más talento, más cultura y más gracia. No es más que una tarantinada con chistes pegados los unos a los otros (muy pocos hacen maldita gracia) para los teenagers descerebrados (sí, en España de esos hay a patadas también) y, para colmo, hubo algunos que dijeron que era una gran película.

Apaga y vámonos.