
Que sí, que no hay ninguno tan neurótico como C3po ni ninguno con tan mal carácter (y tanto coraje, tal vez) como R2d2, pero, desgraciadamente, Star Wars, como ya hemos dejado (espero, porque luego salen incrédulos) claro, no es Sci-Fi, sino una fantasía con elemento tecnológicos, que puede parecer Sci-Fi a mucha gente, pero que luego, si estudiamos un poco la Sci-Fi y la Fantasy no lo es…De modo que podemos hablar de otros androides que tampoco son androides, en una película que es Sci-Fi pero no demasiado densa: Blade Runner. Son replicantes, no androides exactamente: son réplicas (como clones pero desde la nada) de los humanos, pero tienen fecha de caducidad. De modo que aunque no estén hechos de metal son una especie de androides, más o menos. Se pasan toda la película, sobre todo el Nexus 6 Roy, buscando la forma de no morir, en una metáfora no demasiado conseguida del destino del hombre…
El que más emociones despierta es David, el niño androide que nunca crecerá, en la fascinante (por muy irregular que sea) Artificial Intelligence, cuyos diseños, por cierto, se hermanan de forma harto interesante con Minority report…Éste androide es básicamente inmortal, pero se pasa toda la película buscando a la madre que le adoptó…Otros androides, o cyborgs, se pasan toda la película buscando a la madre del salvador de la humanidad para aniquilarla, como los terminators, o se rebelan contra sus creadores, como en la fallida Almas de metal, o tienen intenciones más complejas de lo que parece, como en la mediocre Yo, robot…

Luego hay otros androides muy famosos, pero que no son androides propiamente dichos (autómatas con forma de hombre) en el disparate que es la saga Matrix: los agentes y el propio Matrix (que nadie sabe, ni siquiera al final, qué diantres es). Son programas de ordenador, o algo por el estilo. Personalmente, me impresionan mucho más los Pequeños guerreros (Small soldiers, 1998)
, o el propio Mazinger…el primero de todos.

Antes de acabar este post quiero nombrar una de esas películas de animación que, de cuando en cuando, le hacen a uno olvidar que ve dibujos y que te llegan a lo más hondo del corazón. Hablo del extraordinario film El gigante de hierro, dirigido con pasmosa maestría por Brad Bird en 1999. Pocas veces se ha visto un relato de amistad, de amor, de fraternidad y de antibelicismo como en esta película.

Ver Ficción Científica (11): Claustrofobia






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