Antes que entrar en faena, me gustaría explicar algo en lo que creo firmemente. Cuando se adapta una novela o relato o cualquier tipo de texto literario preexistente para hacer con ello un guión cinematográfico que de lugar a una película narrativa, muchas veces hay que, de alguna forma, traicionar el relato, cambiar cosas en él, para ser más “fieles” a lo que buscaba el autor original del texto. Hay que empezar a separar de una vez literatura y cine.

Por supuesto, hay adaptaciones de novelas que siguen paso a paso aquella en su guión, y que son igualmente excelentes (pienso, por ejemplo, en Rosemary’s Baby, guión firmado por Polanski, muy fiel al libro y que aún así es extraordinaria y no traiciona su espíritu…). Pero es corriente que los aficionados a la novela que se adapta se rasguen las vestiduras ante cambios importantes en la película, como si alguien profanase tumbas o algo parecido. Personalmente, creo que el guión de Bram Stoker’s Dracula no es excepcional, pero sí bastante brillante, con momentos muy inspirados, y que sigue paso a paso la novela, excepto por el controvertido tema del tratamiento del conde mismo…
Con toda probabilidad, es el mejor trabajo del guionista James V. Hart, escritor muy irregular (por decir algo), cuyo último crédito como guionista es la deleznable Sahara…Sin embargo, Hart sí hizo un trabajo muy decente con la novela, que, por otra parte, no es tan fácil de adaptar como parece. O sí es fácil, teniendo en cuenta lo visual y lo prolija que es la maravillosa novela de Stoker, pero hay una gran dificultad en entregar un Drácula nuevo al público de los desaforados y desorientados años 90…Qué duda cabe que si Coppola hubiera manejado el poder que tenía en los 70, él mismo habría escrito el guión, o al menos habría colaborado en él. Pero ha de aceptar más o menos lo que le den.

Y lo cierto es que, una vez más, como hiciera en las dos secuelas de El padrino, en Apocalypse y en algunas otras, Coppola logra sacar partido a un material literario aparentemente agotado. Realmente, aunque parezca lo contrario, este es el Drácula más fiel a la novela que se ha hecho. De acuerdo: el conde sólo aparece en el primer tercio de la novela, para luego desaparecer y convertirse en un fantasma metafórico que nunca sabes dónde está y qué va a hacer en la Inglaterra victoriana…No hay romance con Mina, y muchas secuencias son totalmente inventadas. Pero no han transformado el texto, sólo le han añadido cosas. Es como una versión recut de la novela, con fragmentos que podrían haberse incluido sin comprometer el resto.
Uno de los hechos más misteriosos de la novela es el por qué del viaje del conde a Inglaterra, con lo dificultoso que es para un vampiro viajar (más aún para un voivoda, que debe dormir en la tierra de su patria…), y con el poder que despliega en Transilvania. Aquí se explica un poco más. Es cierto que observa el retrato de Mina, y toma la decisión de ir en su búsqueda, sólo después de contratar abogados (Renfield y Harker) que le faciliten el traslado. Pero ahora tiene un propósito más sólido.
Diarios, grabaciones, la estructura de la novela se repite aquí (menos detallada, como es lógico) para dar fe de una época determinada y de una forma de vida. Diálogos de la novela, situaciones prácticamente idénticas (la fiesta con los tres pretendientes, el viaje en barco, la entrada a Exeter, la cabalgada final) y un conde que ahora, más que inventárselo por su cuenta Hart y Coppola, parece el conde de la novela pero con más tiempo para mostrarse a sí mismo.
En definitiva, una adaptación ejemplar.
Continúa en Bram Stoker’s Dracula - Impresiones y críticas.






Felicitaciones por estas excelentes reseñas, Adrián. Los cinéfilos sabemos apreciarlas.
Muchas gracias, Camel. Las felicitaciones no abundan, y dan ánimos para continuar.
Un saludo afectuoso