Que el cine español siempre está en crisis, que no encuentra su público, que no es un cine pujante, vital, imaginativo…es algo que cualquiera que no trabaje en esta (pseudo)industria sabe…y que algunos (muchos) que trabajan en ella también saben.
Hay muchas razones para explicar el completo desencanto, el profundo malestar y la casi insalvable distancia existente entre las producciones españolas y el público español. Aquí en Extracine podemos hablar, una por una y con calma, de muchas de ellas. Y hablar de ellas no desde el rencor, la mala uva (que no me falta), el criticar por criticar…u otros motivos bajos y triviales.
No. Se puede, y quiero, hablar de ellas desde el cariño, las ganas de un cambio, el deseo de comprender la enfermedad de la que adolece un grupo de profesionales. Y, quizá, hablando con los lectores, llegando, por qué no, a algunos de esos profesionales, encontrar entre todos puntos de encuentro, ideas en común (o no, qué diantre).
El paternalismo de algunos profesionales, de muchos aficionados, de colegas extranjeros…no levantará una industria lánguida, endeble, a menudo corrupta, falta de intereses artísticos, de ímpetu, de coraje. Por supuesto, se pueden extrapolar estas razones a muchas otras industrias que no sean la estadounidense o la surcoreana (y aún a ellas puede extrapolarse).
El guión
Sin tiempo, sin mucho tiempo a veces, no puede construirse una labor artística. Y mucho menos la primera y la casi definitiva de ellas en el campo de la cinematografía. El guión como tal muere al hacerse película en el cine. Pero en el cine español muere antes. Muere cuando productores sin talento dan luz verde a guiones en una fase muy temprana de su desarrollo (pienso, sin querer evitarlo, en la adaptación de El Capitán Alatriste), cuando a buenos guiones con un desarrollo equivocado no se les da tiempo a pulirlos, cuando no se paga (como se debe) a guionistas de probada competencia y se les da tiempo para entregar libretos decentes con los que empezar una producción.
Uno de los más grandes guionistas de todos los tiempos, el insigne Billy Wilder, tardaba entre año o año y medio, como poco, en completar un guión con el que se sintiese seguro para comenzar las labores de preproducción (las cuales, también, dan para otro post…). Si esto era así para él, imaginemos para gente de inferior valía que, si quiere crecer en su profesión de escritor, tiene que disponer del mínimo tiempo sensato para poder demostrar lo que vale y para entregar un trabajo digno.
Pero no. Uno de cada veinte guiones, y esto con manga ancha, es verdaderamente brillante en las películas españolas de cada año. El resto son torpes, mecánicos, predecibles, manidos, o directamente burdos, estúpidos, absurdos o ignorantes de las mínimas normas del buen gusto…
Mal comienzo si queremos hablar de los males del cine español. Pero esto que digo es la triste realidad.






Amén.