Sigamos con War of the worlds.

En 2005, en plena fiebre de trabajo convulsivo, como viene siendo habitual con él en una década llena de coherencia y de contundencia, Spielberg, a parte de la magistral Munich, dirigía otra menos personal y menos ambiciosa, más dirigida a romper las taquillas (cosa que conseguiría), una nueva versión del relato de Wells, La guerra de los mundos.

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Y, con mucha menos fortuna que en Minority report, tanto crítica como aficionados, por lo general, se lanzaron contra él con uñas y dientes, siendo muy poco misericordiosos con él. Bueno, pues una vez más, y sin ánimo de ser un “llevolacontrariaporquesí”, creo que War of the worlds de Spielberg es, al menos en sus dos primeros tercios, un film de Ficción Científica, de aventuras y de horror ejemplar. Y además poco accesible al gran público sino fuera por su marketing y sus efectos especiales. El personaje de Tom Cruise es poco simpático: mal padre, adicto al trabajo, mal hablado, zafio… Pero se ve empujado a cuidar de su familia y a convertirse en un hombre responsable de una vez por todas. Tal viaje es contado con gran verosimilitud y amor por los detalles, al mismo tiempo que desarrolla una idea realmente innovadora: el hecho de que las naves extraterrestres (spoilers, sí, lo siento), salgan del subsuelo en lugar de llegar del espacio.

Esa es una idea tremendamente original e inquietante, que deja al ser humano como mero rentista de la Tierra, a la espera de que una raza más antigua y más inteligente la reclame como suya. Con lo que no hay lucha posible contra un enemigo al que le vencen las bacterias, no la inteligencia humana…(fin de spoilers). Esto es un tema clásico de la ficción científica: el hombre no es tan avanzado tecnológicamente ni tan preparado para las crisis mundiales como él cree, con lo que se hacen libros o películas sobre el tema para advertírselo. Lástima que el final del film sea un absurdo sin sentido, porque la parte media (con un Tim Robbins maravilloso) es aún más sorprendente que la primera: claustrofóbica y aterradora, toda en un interior.

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Nada tienen que envidiar (estas dos partes tan bien construidas) al magnífico film original de 1953 dirigido por Byron Haskin, si bien aquel no tenía el sentido del horror tan desarrollado como esta, al menos sí resultaba más equilibrado en sus partes y finalmente era más convincente. Hoy día, seguramente se vea con una sonrisa en los labios, por el espectacular avance en los efectos especiales y de maquillaje, y por el tono algo infantil de la historia, pero en aquel momento resultó tremendamente impactante para los espectadores.

Otros films sobre invasiones a gran escala, como Independence day, resultaban (más allá del mensaje patriotero) tener muy poco de verdadera Sci-Fi, al mismo tiempo que devaluaban las ideas de los relatos que las inspiraron.

Sin embargo, existen películas sin efectos especiales (no demasiados) y sin invasiones a gran escala, que hablan sobre la llegada poco amistosa (por decir algo) de formas de vida extraterrestre que toman control sobre la tierra. Quizá la más brillante de todas ellas sea La invasión de los ladrones de cuerpos, del estupendo e infravalorado Don Siegel. En ella, los alienígenas nos poseían silenciosa y sibilinamente, sin que se enterara nadie, cambiando nuestros cuerpos por otros, o incluso poseyendo el cuerpo mismo. Una vez te duermes, desapareces. Un film con un crescendo admirable, de claras reminiscencias anti-comunistas, pero muy valioso y, aún hoy, terrorífico de veras. Conoció varias secuelas, alguna incluso decente…

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No hay muchos buenos casos (y además, que sean Sci-Fi) sobre extraterrestres malvados. Sí sobre bondadosos. Los malvados tienen más presencia en el espacio exterior…

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