Sigamos con el siguiente ciclo de Eastwood:
Su debut como director, que dio lugar a una cinta atípica y, hasta cierto punto, apasionante, abrió una nueva etapa en la que intentaría continuar con su carrera de realizador y, mientras pudiese, ya cuarentón, alargar su estatus de estrella, lo que le daría el poder suficiente para ser más libre como director…
Su segunda película como director, en 1973, es un avance de futuros logros, tempranero y falto de originalidad, pero tremendamente intenso y emocional: High plains drifter, titulado en España Infierno de cobardes. Un western casi surrealista y abstracto, rarísimo, pero valiente y estilizado…Antes, había protagonizado Joe Kidd, del legendario John Sturges, un film irregular de un clasicismo muy estimulante, pero pasado de moda. Y ese año también la segunda parte de Harry, que obtuvo otro gran éxito, a pesar de no ser dirigida por Don Siegel.
En 1974 no dirigió, sólo protagonizó un nuevo film, el debut en la dirección de Michael Cimino, la extraña y ciertamente bella Thunderbolt and Lighfoot, que en España se tituló Un botín de 500.000 dólares (!). 1975 sí trajó una nueva película como director, aunque sería una de las menos conocidas suyas en esa faceta, el drama The eiger sanction, film menor que anunciaría otros films menores futuros, pero más acertados visualmente que éste… Continuar leyendo »