Comenzamos con un repaso exhaustivo por la carrera de uno de los directores norteamericanos más importantes de todos los tiempos. No hablaremos de datos biográficos apenas, sólo de trabajos…
Después de intervenir en algunas películas nada señaladas en la mitad de los cincuenta, el veinteañero Eastwood se pasa a la tele, donde participó en siete series de la época, al menos. Dos de ellas muy famosas: Maverick y Rawhide. En la segunda alcanzó cierta notoriedad y pudo completar nada menos que 128 episodios. Trataba de un grupo de nómadas conductores de ganado, de Texas a Kansas, y en ella Eastwood interpretó primero a un peón y luego al jefe.

Sea como fuere, esto, y la renuncia de James Coburn a interpretar el papel de hombre sin nombre en la nueva película de Sergio Leone, le ayudó a conseguir ese importante rol, que cambiaría su carrera definitivamente (aunque fuera alejado de Hollywood) y le convertiría en una gran estrella internacional.
1964, 1965 y 1966 son las fechas de las tres películas en las que, prácticamente, repetiría el mismo papel con gran éxito. El pistolero duro, cínico, risueño y seductor para Leone es uno de esos arquetipos famosísimos del western, y aquí Eastwood lo encarna con fuerza inigualable. Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo son tres películas irregulares, con momentos excelentes y otros bastante penosos, pero no importa, son una gozada de tiros, peleas, persecuciones y una abstracción del western que convierten a Leone en el primer maestro post moderno y en el primer maestro del futuro estilo de Eastwood.
Después de esta exitosa trilogía (la segunda fue durante treinta años la película con más recaudación de la historia de Italia), Eastwood hizo un par de trabajos poco conocidos en Francia y Alemania en 1967, y tres películas en 1968: Cometieron dos errores (un nuevo western, bastante acertado por cierto), Coogan’s bluff (su primera película con Don Siegel), y El desafío de las águilas (una intensa aventura de la segunda guerra mundial), que significaron su regreso a Estados Unidos. Ninguna de ellas representaba un reto para Eastwood, pero daban muestra de su versatilidad y de su habilidad en el género de acción y aventuras. Sin embargo, el grueso de la crítica le consideraba un actor muy poco talentoso y falto de carácter.

En 1969 sorprendió a todo dios con el musical Paint your wagon, de Joshua Logan, donde además de deshacer mucho su rol de duro de la película, cantaba y empezaba a mostrar algo de su personalidad. Aquel musical, al menos la primera parte, era una maravilla absoluta, y cerraba su primera década inmejorablemente. En 1970 volvió al western y a la segunda guerra mundial con dos éxitos más: Dos mulas y una mujer y Kelly’s heroes. La primera era la segunda con Siegel (y con muchos toques a lo Leone, incluido Morricone), y la otra era una estupenda comedia negra con una misión suicida, e ilegal, en el frente alemán…
1971 cierra este primer ciclo, con una nueva película con Siegel (la tercera ya, estaban muy compenetrados), la extraña y fascinante The beguiled, su primera película como director y la primera película de Harry el sucio, dirigida con mano maestra, nuevamente, por Don Siegel, quien sería su segundo maestro a la hora de definir su estilo.

De hecho, Play misty for me, es un thriller que parece filmado por Siegel, pero también anuncia mucho del estilo que Eastwood fraguaría en los setenta y parte de los ochenta: los claroscuros morales, el estudio de la violencia, los personajes aparentemente sin futuro o pasado…Pese a sus defectos, su ritmo poco conveniente y sus balbuceos, es un excelente debut en la dirección. Eastwood se encontraba en el cénit de su carrera, era la mayor estrella de Hollywood (gracias al extraordinario éxito de Harry…) y comenzaba su andadura como director. El primer ciclo de su carrera había terminado, y un futuro lleno de posibilidades (que él aprovecharía) se abría ante él.
Ver: Clint Eastwood, 1972-1982: diez años frenéticos


excelente… uno de los mejores actores/directores en la historia del cine… ninguno como el