Antes que nada, quisiera pedirles que iniciaran el vídeo que adjunto más abajo. Es la perfecta banda de música para este post. No bailen, sigan leyendo, please…
Bien, ahora que estamos convenientemente acompañados por Scissor Sisters, continúo.
He de decir que cada vez que camino por la calle en dirección a mi trabajo, me imagino que la gente con la que me cruzo, en lugar de transitar cabibazjos con cara gris, se ponen a bailar con la música que oigo en mis cascos, que suele ser la de Scissor Sisters o alguna otra bailable. Les veo pegando brincos por encima de los coches, con micrófonos en las manos, efectuando carreras en vertical por las paredes, etc…

Hay mucha gente por ahí, (pero mucha, ¿eh?) que es incapaz de valorar el género musical. De hecho, lo detestan. No lo entiendo, pero afirman: “de pronto se ponen a cantar y a bailar y es ridículo, sin más. Causan verguenza ajena”. En serio, me lo han dicho multitud de veces. Les parece risible ver a los bailarines, gozar con sus coregrafías, emocionarse con canciones que forman parte de la historia, o, simplemente, que te entren ganas de bailar a tí también aunque no tengas ni idea.

Para mí el musical es el espectáculo cinematográfico total. Es una mera excusa, un capricho estético, con él todo el universo se pone de acuerdo para hacer a la canción y al número lo más vistoso, dinámico y emocionante posible. Nunca se verán más y mejores movimientos de cámara, escenarios más luminosos o a lo mejor extravagantes, mujeres y hombres de cuerpos más estupendos luciéndolos con todo el descaro del mundo (y nosotros tan contentos).
Muchas que dicen son musicales no lo son estrictamente. Para ello, las canciones deben formar parte de la historia, y sin ellas no entender que está pasando. No porque aprovechen para poner canciones, o temas, o bailes, estamos ante un musical puro y duro. De modo que New York, New York no es un musical en sentido estricto…
¡Venga, no os lo penséis más, poneros Grease y a bailar! O cualquiera de Fred Astaire y Ginger Rogers, de Julie Andrews, Gene Kelly o lo que os apetezca…

Totalmente de acuerdo. Quién no ha sentido alguna vez ganas de ponerse a bailar y cantar en medio de la calle? O ha rememorado en su cabeza algún número musical que expresa exactamente lo que siente en ese momento? Eso es el musical, una forma diferente de expresar los sentimientos de los personajes. Ya sean alegres o tristes. Todos llevamos una banda sonora dentro, quizás deberíamos dejar que alguna vez saliera fuera.