Existen pocas directoras en la historia del cine que sean conocidas y, lo más importante, reconocidas. Tan sólo Leni Riefenstahl, que yo recuerde, tiene (a pesar de sus simpatizantes nazis, que la ayudaron a hacer sus dos obras maestras) una verdadera dimensión de gran directora.
Hay otras, como Liliana Cavani, tendrán que esperar a que los aficionados y los analistas les den la razón de una vez. El caso de la italiana, directora de numerosos documentales, e incluso de traviatas, es especialmente sangrante en cuanto a sus películas de ficción.
Supongo que es demasiado que además de tener talento, hacer crítica social y estudiar las reglas del erotismo en sus dos obras maestras (una de las cuales, El portero de noche, a parte de excitante y morbosa, posee un sentido plástico fuera de lo común…la otra La piel es una fascinante y singular crítica al belicismo del mundo moderno), encima sea una mujer, lo que para ser director parece vedado.
Su más reciente largometraje para cine es la magnífica, y totalmente ignorada por todo el mundo tras el Ripley de Matt Damon, El juego de Ripley, con el mejor John Malkovich en años. Os invito a pasearos por la breve e intensa obra de esta artista.







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