En el agujero
Éste término, para los que no lo sepan, es jerga de guionista de cine, o de escritor a sueldo. Se utiliza cuando tienes pocos meses, o pocas semanas, para terminar un trabajo que sabes que necesita de mucho más tiempo para realizarse. En él se encontró Cameron cuando aceptó el reto, en Cannes 1990, de tener lista, para Cannes 1991, la secuela de su maravillosa The Terminator…

Contrató a un antiguo colaborador y amigo suyo, William Wisher Jr., y se puso a trabajar, creo que está documentado esto, esa misma noche. Algunas ideas, como las del T-1000, ya estaban pensadas para el primer film (y no llegaron a la pantalla por falta de presupuesto). Tenían dos meses y el último día de plazo, a las 6 de la mañana y con una limusina esperando fuera de su casa, Cameron salió con el libreto terminado hacia la productora, para empezar a discutir detalles de la preproducción.
Lo cierto es que el guión de Terminator 2 es una auténtica joya, un argumento que funciona como un reloj, la obra de dos profesionales consumados a la hora de escribir guiones. Aunque esto, y el hecho de hacer una secuela digna de un film legendario…eran dos cosas muy distintas.
Otro remake/secuela, de inspiración insuperable

No sé cómo lo verán los que conocen esta obra maestra, pero a mí, particularmente, que escribo este post, me parece increíble que, en el escaso plazo de un año, y teniendo en cuenta que es una gran superproducción (la más cara en aquel momento de todos los tiempos, con casi 100 milones de dólares de presupuesto), los creadores de este film, con Cameron a la cabeza, lograran algo como esto.
Más aún teniendo en cuenta que su antecedente es una de las mejores películas de todos los tiempos. Esto es más que una secuela, o un casi remake, esto es una gozada, un viaje apasionante, sorprendente, emotivo, impredecible, hacia una de las aventuras de la imaginación más cautivadoras de los últimos años.

Aún conociendo de antemano, por los trailers mal diseñados, que Arnie en esta ocasión era el bueno, y que el otro era el malo, nada hay de predecible en este relato, que posee una de las mejores secuencias de acción (me refiero a la persecución de John Connor por los canales de Los Ángeles) de la entera historia del cine. Cierto que el resto de secuencias de acción palidecen en comparación con esta maravilla, pero da igual, porque la acción se ve sustituida por un suspense y un drama sobrecogedores.
Sí, lo sé, proliferación de adjetivos superlativos. La lacra de los cronistas mediocres. Pero no puedo evitarlo. Hay películas que me superan.
Cuatro personajes principales
Son Sarah, John, el T-800 de Arnold Schwarzenegger y el T-1000 de Robert Patrick. Cada uno con su secuencia inicial de presentación, para, a continuación, desarrollar una personalidad propia totalmente diferenciadora del resto.
El demonio multiforme que supone el personaje de Patrick es un ejemplo de ingenio, y todo un alarde de perfección técnica, aún hoy, 16 años después. La técnica empleada con el tentáculo de agua por Cameron en The Abyss está aquí perfeccionado y totalmente desarrollado para la creación de una némesis casi inmortal.
Pero más allá de tecnicismos y nuevas tecnologías, estamos en una historia terrible que describe la imposibilidad de la raza humana de llevarse bien sin destruirse mutuamente, de los problemas del desarrollo científico por el desarrollo científico, de la reducción de los problemas de identidad y de respuesta ante la adversidad a la mera necesidad de subsistir, de la lucha por un futuro mejor, libre y con posibilidades, de lo terrorífico de un poder desmedido, frío y computerizado, del valor y el amor necesarios para cambiar el destino…

En un entramado tan rico, perfecto y apasionante (pintado con la luz azul insinuada en las fotografías irregulares de su primera y segunda películas, y ya mejor empleada en la tercera, para explotar aquí y ya para el resto de sus películas), que sirvió para que Cameron despejara las dudas, aún con un guión más repleto de sucesos e ideas que su fallida tercera película…
El futuro, más despejado
El extraordinario éxito de T2: Judgment day (400 millones dólares de recaudación en todo el mundo, cuatro Oscar…) fue, quizá, la mayor hazaña hasta entonces de un Cameron cuestionado y que se había metido en un reto poco menos que suicida. Parecía que trabajar bajo presión le había espoleado como nunca antes…
Una nueva década comenzaba entonces, y la posibilidad de proyectos más personales también. Aunque tardaría en poder llevarlos a cabo, y no sería nada fácil hacerlo.

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Desde luego marcó un punto y aparte en los efectos especiales, pero gracias a Dios no se quedó sólo en eso. Me parece flipante que realmente pudieran terminar la película sólo en un año…