Un sueño

Un hombre soñaba. Estaba en Roma, rodando anuncios. Era un hombre que había trabajado de camionero, de conductor de autobuses, de mecánico…que sabía que haría películas desde que vio STAR WARS…Aquella noche tenía fiebre, altísima. Como era pintor, realizó una pintura que le surgió, en su hotel aquella noche, de entre el delirio.

Era un hombre de 28 años, enérgico y lleno de ideas, que había realizado un film de encargo, secuela, llamado Piraña 2, del que fue despedido. Le contrataron a pesar de su inexperiencia, porque un productor con cierto poder vio cómo en un film de serie Z (Los siete magníficos del espacio), el joven Cameron, que era supervisor de efectos especiales, animaba a unos gusanos muertos empapándolos en agua y dándoles una corriente eléctrica.

en el fuego

La pintura fue algo especial: un esqueleto humanoide, surgiendo de entre las llamas, pero no humano. Una réplica de metal de un esqueleto. Un endoesqueleto. El sufrido pintor enfebrecido era James Cameron.

Infravaloran los que no saben mirar

Tanto la película (que recientemente, lo admito, ha tenido una revalorización) como el director, son dos casos típicos, a mi entender, de la ceguera de críticos y aficionados. Poco criterio y demasiadas opiniones lanzadas con temeridad. Creo que, disensiones aceptables a parte, alguien debería dejar claro esto de una vez por todas.

el futuro

The Terminator es una excepcional obra maestra del cine, una de las últimas importantes de ciencia-ficción antes de la llegada del CGI y, sin lugar a dudas, uno de los hitos del género. Pero más allá de eso, se trata de un relato muy intrincado, pero resuelto con ingenio, claridad y precisión insuperables.

Esta legendaria historia, hecha con cuatro cuartos, tiene una fotografía bastante pobre en cuanto a estética (¡aunque tremendamente eficaz!…por su frialdad, su opresión, su extraña tristeza en la imagen) y unos efectos especiales (salvo el rostro final de Arnie antes de volar por los aires y el STOPMOTION del endoesqueleto) que cantan operetas por los cuatro costados. Muchos aficionados al Matrix ese (hecho con mucho más dinero, pero sin el talento que rebosa ésta que nos ocupa) sonreirán socarrones y prepotentes ante muchas secuencias de maquillaje. Allá ellos.

El argumento es simple: salvar el pellejo, punto. Huir, esconderse, evitar las pesadillas que te trasladen a un futuro aterrador, enamorarse de quien no debes, correr, correr; explicar, entre carreras de coches sorprendentemente bien rodadas, qué es un Terminator, qué va a ocurrir en el futuro, quién va a ser el hijo de la chica, qué viaje alucinante ha recorrido el chico para salvarla.

Y el futuro fue…

El gran éxito económico de la película (y de algunos críticos que no fueron condescendientes con ella…), permitió a Cameron considerarse a sí mismo, de una vez, un director de verdad. Pocos debuts como ese, a esa edad, consiguiendo, con 4 míseros millones de dólares de presupuesto, una taquilla estadounidense de más de 85 millones de 1984, unos 250 de ahora o más…

Había proyectos, dos guiones muy distintos. Uno era una secuela de Rambo, el otro, un argumento sobre alienígenas submarinos que Cameron redactó en su adolescencia. El primero lo vendería, el segundo tendría que esperar. Un nuevo encargo llamó a la puerta de Cameron. La secuela de un film de Ridley Scott. Cameron la aceptó, siempre que escribiera el guión…

cartel