Si tengo que elegir entre Welles y Coppola, aunque muchos se asombren, elijo al segundo. Eso, aunque año tras año sigan considerando a Kane la mejor película de la historia, y aunque Coppola nunca haya vuelto al estado de gracia de los años 70.

Y pienso esto, sobre todo, porque Coppola es mucho más sincero en su obra de lo que fue Welles en la suya, y porque muchos de los proyectos o ideas o intereses de Welles los ha perseguido Coppola con mayor acierto, mayor visión y mejor ejecución:
El film con el que Welles hubo de empezar su carrera, y no lo hizo por motivos oscuros (no sólo los económicos) era la adaptación del novelón de Conrad, El corazón en las tinieblas…Si Milius y Coppola lo adaptaron, y luego Coppola lo dirigió (antes de negarle el puesto a Lucas, después de ofrecérselo), no es casualidad. Quería superar a Welles. Y logró una de las obras mayores del arte de las postrimerías del siglo XXI (v. A F-S.)
Luego está Drácula, otra novela mayor, novela tótem, muy cinematográfica, que a Welles le hubiera fascinado hacer: “hoy día ya se pueden hacer cosas terribles y maravillosas como las que describió Stoker” Welles dixit. Y ahí está la adaptación de Coppola. Luego los que dicen que a principios de los 90 Coppola buscaba nuevas ideas comerciales para relanzar Zoetrope, cosa que también sería cierta, se quedan en lo superficial de la creación de esa obra maestra…

Y bueno, luego las obras menores de Welles no son tan personales e íntimas como las de Coppola. Ni Una historia inmortal, ni Fake…entre otras, son tan emotivas y verdaderas como Tucker, The rainmaker o Peggy Sue…Y las mayores, pienso en la fabulosa Touch of evil, o en la impresionante Chimes at Midnight (aka Falstaff), no me producen, ni por asomo, el vértigo, el asombro, el estremecimiento, de la trilogía de El padrino, de La conversación, o de las ya nombradas.
De modo que sí, señor Coppola, lo ha conseguido.

