Uno de los directores jóvenes españoles (no tiene ni 40 años) más importantes, y también menos conocidos para el gran público, es el vasco Enrique Urbizu, un hombre de cine con una carrera corta, de momento, irregular, por desgracia para todos, pero apasionante.

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Comenzó a los 28 años con Mi novia está loca, para sorprender a todo el mundo 3 años después con una de esas películas que demuestran que en España se puede hacer buen cine de género: Todo por la pasta. Ésta cinta de robos y tiros y carreras, de apariencia descerebrada, es sin embargo un gran filme hecho con gran inteligencia.

El joven Urbizu se mudó a Madrid para realizar dos películas de encargo para Andrés Vicente Gómez, dos comedias sin nada interesante que él supo dirigir con mucho oficio. Pero en 1995 tiene la suerte de que Imanol Uribe se desentiende del proyecto de Cachito (sobre un relato de Arturo Perez-Reverte) y él, con gran entusiasmo, acogió el guión lo mejoró muchísimo y le dio un tono épico y romántico a la historia del camionero y su amor rebelde, en una de las pocas road-movies serias que he visto en mi país.

Ésta conexión con Reverte ayudó a su vez a que contaran con él para el guión que adaptaba la novela de éste El club Dumas, que se llamaría La novena puerta y dirigiría Roman Polanski. Según el mismo Urbizu me dijo una vez sólo vio a Polanski dos veces, y aunque firma el guión con él y con otro más siempre trabajó solo. Pero está contento con algunas secuencias que vio en la pantalla, aunque le gustó más El pianista…como a todos.

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Nada menos que 7 años después de Cachito, volvió a dirigir la que yo considero (y mucha gente considera) su mejor película: La caja 507, obra de madurez, hecha con una solidez, una sobriedad y un ritmo que ya quisieran para sí muchos directores españoles que van por ahí de artistas. La cinta no obtuvo quizá todos los reconocimientos que merece, pero le permitió rodar al año siguiente otra gran película: La vida mancha. La caja 507 es un thriller fabuloso, con dos actores protagonistas en estado de gracia, oscura, sucia y sin concesiones, que coloca a su director entre los grandes narradores españoles. Quizá la mejor película española de lo que llevamos de década.

Ahora ha vuelto con un capítulo que no he visto de la nueva entrega de la serie Películas para no dormir, que realizara Chicho Ibáñez Serrador en los 60 con el título Historias para no dormir. También da clases de cine en la Carlos III, con su habitual sentido del humor negro, y su nerviosismo característico. Está hasta los huevos de todo y todos, como pude comprobar cuando le conocí en una conferencia sobre cine, donde charlamos bastante (yo era el único que le preguntaba cosas, o al menos cosas inteligentes) y lleva preparando una gran historia de suspense bastante ambiciosa desde entonces. Esperemos que no tarde mucho más en conseguir hacerla.

En definitiva, un tío cojonudo, lleno de ideas, inteligente, culto, inquieto y sin pelos en la lengua, joven, brillante y sobradamente preparado. Os recomiendo mucho, mucho, que vayáis a conocer su obra.