Un director
Ésta es una de esas películas en las que lo más importante, el elemento con el que empieza y termina la historia, es el director. David Lynch es la estrella última de la película (para que Cahiers du Cinema se quede tranquilo), y su desbordante personalidad impregnará todos y cada uno de los detalles de un film que él dirija. Este pintor, fotógrafo, músico y diseñador de muebles metido a director no deja nada al azar, algunas veces…

De las diez películas que ha dirigido hasta la fecha (sin incluir la serie Twin Peaks, cuyos primeros episodios y alguno suelto más me parecen magníficos, pero sí incluyendo el bodrio que hizo continuando la serie, el largo Fuego, camina conmigo) el oriundo de Montana de 61 años sólo tiene dos películas meramente de encargo de los grandes estudios: la lírica y bellísima El hombre elefante y la tediosa y única (en muchos sentidos) Dune. Las otras ocho son películas 100 % realizadas con impulso propio, levantando los proyectos por su fama, su voluntad, su creatividad y su nombre. Eso dice mucho de su prestigio, su libertad y su forma de trabajar.

Podemos decir, sin atisbo a equivocarnos, que es uno de los directores más extraños de la entera historia del cine. Pero eso se ha dicho mucho. También que es un visionario, un bizarro, un alucinado y pelmazo. Todo eso, con sus variantes, se ha dicho. Yo creo que cuando hace cosas tan ignominiosas como gran parte de Mulholland Drive, hace Fuego, camina conmigo o INLAND EMPIRE…pues no me interesa nada. Cuando se esfuerza y hace algo tan conmovedor como The Straigth story o este alocado, intensísimo, desasosegante, brutal, poético, irrepetible Lost Highway…pues es mi director predilecto.
Una visión
Aunque cueste creerlo (los seguidores de Lynch no se sorprenderán mucho) la idea de la película vino de cuando su colaborador (y novelista) Barry Gifford le dijo por casualidad las palabras lost highway (carretera perdida). La mente de Lynch, de quien estoy convencido que se trata de un sinestésico brutal, comenzó a funcionar, a ver paisajes, posibilidades, imágenes en movimiento. Dudo mucho que todo el (complejo y laberíntico) argumento le saliera de sopetón, pero es muy posible que las posibilidades de una buena historia para su siguiente película (tras el fiasco de Fuego, camina conmigo) empezaran a brotar de su particular mundo interior.
Iba a tratarse de un nuevo thriller, pero muy distinto a su brillante (aunque irregular) Terciopelo azul. Comenzaría por ser un film de terror y de suspense (no es lo mismo, querido lector, no pongas esa cara), para pasar a ser un film noir, aunque tan solo aparentemente. Porque si algo le molesta al Lynch es lo aparente, y si algo le fascina, y con algo nos quiere fascinar, es con lo que reside debajo de lo aparente, de lo normal.
Esta vez el viaje iba a ser definitivo. El pintor Lynch iba a pintar la pantalla, hurgando en su cerebro y obteniendo los colores más tenebrosos e inquietantes de su carrera…
Seguirá en (2)


Es un tío muy raro, único gracias a Dios… que nos coja a todos confesados cuando se pase con la medicación.