Éste es el año de Forest Whitaker, no hay duda. Éste actor, oriundo de Texas desde hace 46 años, es uno de mis actores favoritos desde que le ví en su tortuoso papel de Charlie Parker en la obra maestra de Clint Eastwood Bird. Y ahora que lo gana todo con The last king of Scotland no le se escapará el calvo dorado. Pese a ser gordo, feo (con una deformación ocular) y prodigarse en el cine más indie (protagonizó una de las mejores películas norteamericanas de los 90, la extraña y bella The way of the samurai), se ha convertido, por fuerza, en uno de los actores más fiables de su país, y es que siempre está bien. Ni DiCaprio con Blood Diamond, ni Peter O’toole con Venus, ni mucho menos Ryan Gosling con Half Nelson, ni incluso Will Smith con The pursuit of happyness, tienen tantas posibilidades como el bueno de Whitaker. Aunque siempre hay sorpresas…

Forest