Leyendo cosas como ésta a uno no le extraña que la gente confíe tan poco en los críticos más famosos. Tampoco es que el estilo y la altivez de gente como Carlos boyero ayude mucho a sentirse identificado con él.
Pero la crítica en España y Estados Unidos, los dos países de los que más críticas cinematográficas leo, tiene otros muchos problemas a la hora de establecer criterios (eso en el supuesto caso de que quieran establecer criterios). Más aún en España, el país donde todo el mundo opina sobre cualquier cosa, tenga conocimientos o no (y cualquier opinión es respetable, pero no todas las opiniones respetan debidamente…).
Lo cierto es que la crítica de las últimas dos décadas está muy por detrás de las propuestas que nos ofrece la pantalla. A la falta de reflejos se une la falta de visión. Accidente seguro. El caso más llamativo es el de Steven Spielberg: cuando hacía películas de aventuras no sabía hacer otra cosa, cuando intentaba otras cosas sólo le concedían que sabía hacer películas de aventuras.
Otros casos, como el de Bertrand Tavernier, son chocantes. Que Le Monde y Liberation ataquen todas y cada una de sus películas con una saña indescriptible es algo inexplicable. Creo, sinceramente, que si el cine se ha ido haciendo cada vez más ortodoxo en sus formas y propuestas es en gran parte culpa de la crítica, que exije un enrocamiento en las tres unidades clásicas y condena cualquier intento original de saltárselas.
Tengo esta impresión.






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