Y además un excelente actor. Éste hombre, de los pocos en tener dos premios de la academia de Hollywood (y el único, junto a Spencer Tracy, que los ganó consecutivos), ha sabido orientar su carrera muy inteligentemente: ha usado su fama y su poder para orientarla hacia proyectos interesantes (que le ofrezcan algo como actor) y al mismo tiempo comerciales (que le den mucho dinero y le permitan seguir manteniendo su poder). Parece fácil, pero no lo es. Pregúntensenlo a Tom Cruise, cuya fama puede rivalizar con la de éste, pero que no ha sido tan inteligente como Hanks.

Tom Hanks

En Ladykillers, un proyecto muy pequeño de dos directores al margen de todo (Joel y Ethan Coen) Tom Hanks, en la plenitud de su carrera, da un recital de interpretación. Su composición es grotesca, malvada, astuta y llena de matices y aristas. Ese mismo año rueda con su amigo Steven Spielberg una mediocre película, The terminal, en la que también se luce. El año pasado tuvo otro bombazo, El código Da Vinci. Poco importan las malas críticas.

No encontraremos a otro actor de su generación y de su estilo que, a los 50 años, tenga la fama y el poder de Tom Hanks.