Esto del arte, sobre todo en el mundo del cine, tiene cada cosa…Autores, actores o gentes del cine en general están expuestos a los cambios más súbitos en la apreciación de la gente. ¿Qué se le va a hacer, no? Bueno, qué se le va a hacer hasta cierto punto. Al menos en lo que a mí respecta.

A. G. Iñárritu

Hasta hace poco el mexicano Alejandro González Iñárritu era uno de esos directores de culto (esto es: no demasiada gente le veía, pero le veían en todo el mundo con gran interés…) que muchos consideraban el sucesor de los grandes directores norteamericanos o sudamericanos de los que ahora tan pocos quedan…Con Amores Perros casi todo el mundo se asombró con la maestría del debutante…su viaje por el cine americano con 21 gramos obtuvo algunos peros, pero en general recibió también muchos elogios…

Ahora con Babel, Iñárritu es mundialmente conocido y reconocido. La película es exponencialmente más grande (como un cruce entre sus dos primeras películas…y con relatos de cuatro familias repartidas por todo el globo), su ambición y su audacia más grandes aún…Pero ya no mola tanto ser fan suyo. Ahora lo que mola es sacarle pegas a una película que, si bien es tan ambiciosa que algunas propuestas no llegan a todo lo deseado, sigue pareciéndome bellísima…Ha tenido suerte, al fin y al cabo, de no alzarse con el Oscar. Sospecho, soy así de puñetero, que los dardos envenenados hubieran sido todavía más crueles con un hombre que, le pese a quien le pese, es ya historia del cine mexicano, norteamericano y mundial con letras de oro (y con tan solo tres largometrajes).