Viaje hacia la muerte - No voy a extenderme en este post sobre la maestría de Eastwood. Es uno de los directores más prestigiosos del mundo, y su dominio en la dirección de actores, en el ritmo, en la puesta en escena y en la narración es proverbial. Aquí despliega todo su talento en un tenebroso viaje hacia la muerte. Es curioso que los viejos maestros, pienso en Ford o Hitchcock, por nombrar a dos muy importantes, hacia la zona final de su vida y su carrera, sus filmes iban haciéndose más oscuros, pesimistas y dolorosos, pero también más sosegados, clarividentes y plenos. Lo mismo le pasa a Eastwood. Mystic River, Million dollar baby y éste bello díptico sobre la guerra son un viaje, cada vez más tenebroso, hacia la muerte, o ya en la muerte.

Valentía - Lo que más sorprende de este suave adagio trágico que es Cartas desde Iwo Jima es su valentía. Su valentía, porque el que espere épica de la guerra va listo. Porque los actores japoneses son todos (menos Ken Watanabe, quien logra un trabajo extraordinario, a falta de otra palabra, y que es un insulto que no haya sido nominado al Oscar al mejor actor en papel protagonista) unos desconocidos que componen sus personajes al viejo estilo japonés, tan diferente al europeo o americano: esto es, lleno de teatralidad y tensión en el rostro, pero que Eastwood sabe dotar, además, de gran profundidad, logrando que siempre sepamos lo que los actores están pensando o sintiendo, en un reparto coral perfecto.
Valentía porque nos pasamos tres cuartas partes de la película metidos en unas cuevas que nada tienen de aventureras ni estéticas, sino que son tremendamente opresivas. Las sombras se adueñan de la pantalla, y la mayoría de secuencias importantes y muy dramáticas, los actores tienen la mitad del rostro oscurecido, o más de la mitad, logrando una expresividad lumínica pocas veces igualada. Y valentía porque no hay acción, ni énfasis, ni actos heróicos…sino dignidad, dolor, recuerdos, verguenza, fraternidad, amistad sorpresiva, reconocimiento del momento final de la vida…

Y los creadores de este atípico film lo cierran sin un clímax aparente (sólo emocional, profundo y verdadero) en un alarde de coraje y pundonor, en uno de los instantes más melancólicos, sorprendentes y luminosos que ahora mismo podemos ver un cine.
Post Scriptum: también dejaré críticas de malas películas. No todo en la vida van a ser Little Children, The black book o Cartas desde Iwo Jima…

