El 6 de julio de 2004 moría uno de los periodistas, críticos cinematográficos, guionistas y novelistas más elegantes, cultos y refinados que ha tenido España en muchos años.
Sobre todo se le recuerda por haber sido el crítico de cine titular del diario El País desde 1982 hasta el final de su vida. Pero otros le recordamos también por otras razones. Por ejemplo los dos guiones (uno firmado, el otro no) de los dos primeros largometrajes de Víctor Erice. También firmó cuatro guiones para el realizador Francisco Regueiro, entre los que destaca el libreto para la magnífica y mordaz Madregilda.
Aún recuerdo muchos de sus textos sobre películas y muchas de sus crónicas en Cannes, Berlín, Venecia o San Sebastián. Recuerdo su mala leche, su ternura en ocasiones, su torrente de verbos, su magnífica prosa, su bello estilo.
En realidad, ha dejado huérfana a la crítica española de un referente más culto, más comprometido, más coherente, más audaz y más… auténtico. Me pareció horrendo cuando, en la ceremonia de los Goya de 2005, a la hora de recordar a los muertos (y mira que aparece gente que nadie conoce), no le incluyeran a él como uno de los guionistas más destacados de los últimos 30 años en el cine español.

