Con la experiencia que tenemos como espectadores, bien podríamos hacer una lista con la receta perfecta para realizar un bodrio filme de la industria hollywoodense. Alguien más ya lo pensó, y no está muy lejos de lo que más de uno hubiera pensado. Veamos lo que se me ocurre para cada ingrediente:

  1. Definir la amenaza: por estos días son los árabes, o sea los personajes barbudos y con turbante, que en EE.UU. conocen como terroristas.
  2. Definir el espacio-tiempo: por lo general es el presente, en New York, una ciudad internacionalmente conocida, o un suburbio intercambiable, aquellos de fotos de postal.
  3. Definir los protagonistas: el héroe, un hombre blanco (Owen Wilson), su compañero, un negro o últimamente un latino o un asiático, dependiendo a que mercado se esté dirigiendo la película. La novia, pareja, amante, es por lo general rubia, cuando no morena (o sea una chica del Bronx con un trasero de impacto). Ella siempre está perfectamente peinada y maquillada, incluso si les están lloviendo meteoritos o si el mar se les viene encima.
  4. Persecución con explosiones: pues eso, si no son los mencionados meteoritos que explotan justo a centimetros de los protagonistas, son los autos o bombas que chocan y explotan, matando a uno de los coprotagonistas, en el momento trágico de la historia.
  5. Sexo tórrido: entre el héroe caucásico (o Will Smith) y la rubia (o la del Bronx), cuerpos perfectos que se aparean entre sombras que cubren justamente los genitales. Por supuesto los senos de la chica se muestran en primer plano por algunos segundos, y si se quiere ser audaz, el trasero del tipo.
  6. Final feliz: Luego de cometer un error gravísimo, nuestro héroe se reinvindica destruyendo al malvado de turno. Besa a la rubia (o la del buen ass) mientras los créditos y la música con la canción de moda nos indican que ya es hora de despertarnos y sacarnos todos los pop-corns de encima. Fin.

(Vía Menéame)